jueves, 11 de febrero de 2021

«2020 el año más mortífero para los migrantes que cruzan ilegalmente a EE. UU.»

[por Norberto Malaj]


Con Biden ¿“el muro se convierte en puerta”? (Amy Goodman)




    “El aumento en las muertes fronterizas en Arizona el año pasado alcanzó a 227 migrantes, en comparación con 144 en 2019 y 128 en 2018, constituyó el mayor pico histórico” (Samuel Gilbert, The Guardian, 30/1). “Desde 1998, se cree que al menos 7.000 migrantes han muerto a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, tal vez muchos más, ya que el mantenimiento de registros es irregular”. “Este fue el verano más caluroso de todos los tiempos, y vimos la mayor cantidad de muertes registradas. Es un recordatorio de lo peligrosa que puede ser la frontera”, dijo Douglas Ruopp, presidente de la organización sin fines de lucro, que mapea las muertes de migrantes y guarda suministros de agua de emergencia en el desierto” (ídem).

    A pesar de los riesgos y las prohibiciones —acentuadas bajo el gobierno de Trump— la ola de migrantes no cesa. La miseria creciente en toda Centroamérica ha vuelto frecuentes las “caravanas” de quienes buscan cruzar el Río Grande y llegar a los EE.UU. a cualquier precio. Aunque el precio que cobran los traficantes suele ser altísimo “cruzar a cualquiera de los cuatro estados estadounidenses de Texas, Arizona, Nuevo México y California a lo largo de la frontera de 1,954 millas entre Estados Unidos y México puede ser peligroso: barreras altas, áreas silvestres aisladas con temperaturas extremas, aguas turbulentas del Río Grande”, dice Jeremy Slack, profesor asistente de geografía en la Universidad de Texas-El Paso (ídem).

    “En México los solicitantes de asilo languidecían en ciudades peligrosas a la espera del interminable proceso de asilo, bajo la política de Permanecer en México de Trump, que niega ´un derecho universal. La gente vive debajo de los puentes, esperando durante meses. Algunos deciden correr el riesgo y cruzar el desierto ´” (ídem).

    “En marzo de 2020, Trump firmó una orden de emergencia que permitía la expulsión sumaria de migrantes en la frontera por preocupaciones de Covid-19, expulsando a más de 380.000 personas de esta manera hasta la fecha, según datos federales” (ídem).

    “Biden, informa The Guardian, suspendió las deportaciones, aunque la semana pasada un juez anuló esa moratoria. Y el gobierno rescindió oficialmente la política de ´tolerancia cero´ de Trump que llevó a que las familias fueran separadas y detenidas en la frontera… Pero aunque el presidente emitió una orden de suspensión de trabajos para la construcción del muro fronterizo, no es seguro que se eliminarán las barreras” (ídem).

    ¿Tiene algún viso de ser realidad lo que plantea Amy Goodman, quien dijo que con Biden “el muro se convierte en puerta” (Democracy Now, 23/1)?

    ¿No fue bajo el gobierno de Obama-Biden que se inició la política de deportaciones en masa de migrantes?

 

(1º febrero 2021)

 

 


domingo, 7 de febrero de 2021

La máscara

[por Alberto a. Arias]


[Pieza de barro hallada en Tlatilco, México. Periodo preclásico medio.]


La máscara

 

  

Una máscara mitad vida, mitad muerte.

Eso es todo.

Llegó hasta aquí venciendo el tiempo.

Una máscara

mitad muerte, mitad vida.

 

(No la frágil de uso cotidiano.

No estigma, emblema, oficio, profesión.

No linaje, origen, destino o abandono.

Tampoco la que emerge en distorsión

al cabo del último día entre los vivos

cuando no hay aún primer día entre los muertos.)

 

Es apenas una máscara ajena,

dos caras a una,

 rígida fachada de perfiles que se niegan.

Creada porque sí.

Hecha para no ser usada.

 

(Ni rostro ni idea ni poética.)

 

Sólo una cosa que ahí te recuerda algo:

lo más desconocido sin dios,

lo más atrayente sin demonio.

 

 

                                                                                   (1990-91)

 

                                       De "Escrito sobre el papel (1990-99)"







viernes, 5 de febrero de 2021

De la batalla comercial por los barbijos a la guerra por las vacunas

  [por Norberto Malaj]


Disputas interimperialistas, racismo, etc.



    La pandemia de coronavirus reveló hasta qué punto en el presente el desarrollo de las fuerzas productivas está subordinada a la razón de ser de la producción capitalista: generar plusvalor va siempre primero. Vale en forma especial para las necesidades básicas, entre ellas los insumos médicos. De ahí que la pandemia de covid lejos de validar la potencialidad de los recursos extraordinarios del mundo moderno para combatir el virus puso al rojo vivo hasta qué punto el capital sacrifica la salud y la vida de los trabajadores, la fuerza productiva Nro. 1, en aras de conquistar el beneficio a cualquier precio.

    La producción de insumos para combatir la pandemia es para el capital sólo una “mercancía” más. Le valen las generales de la ley de las mercancías: no importa si se trata de un medicamento, de alimentos o de armas. Todos esos bienes se producen como mercancías, con el fin de que cada industria valorice el capital invertido (producir plusvalor que genera la explotación del trabajo asalariado). La producción privada de medicamentos y la anarquía capitalista, como ocurre con casi todas las mercancías bajo el capitalismo, llevan normalmente a la sobreproducción. O a su contrario, como ocurre en el presente con la pandemia de covid. Los extraordinarios recursos tecnológicos al alcance del hombre son neutralizados por el régimen social anacrónico. El capital procede ex post las crisis, no las prevé. Opera ciegamente. El capital a nivel mundial no ‘escuchó’ las alertas de la pandemia desatada en China y siguió su marcha como si nada. Sólo cuando la pandemia llegó a los grandes países capitalistas el capital reaccionó, siempre buscando sobre todo la preservación de la explotación de la fuerza de trabajo a lo que sea. Fue lo que ocurrió con las fábricas automotrices del norte de Italia que expandieron explosivamente la difusión del virus al negarse al lockdown. Fue lo que después hicieron Trump y Bolsonaro en forma desvergonzada, y en forma apenas más velada todos los gobiernos del planeta.

    Normalmente farmacéuticas y laboratorios se disputan un mercado restringido y a la baja, fruto de que el consumo de medicamentos está más afectado incluso que el de los alimentos —por la insuficiencia del poder adquisitivo de las grandes masas. De ahí que no pudieron dar respuesta a la demanda extraordinaria frente a la pandemia. De la noche a la mañana la producción de barbijos y alcohol en gel no alcanzó. Las necesidades insatisfechas de las grandes masas fueron la dicha de estas industrias: los precios saltaron por los cielos, y mucho más los beneficios. Los medios logísticos de la era de la cibernética y el “just in time” no sirvieron para nada. Estalló entonces una guerra declarada que se expresó en vuelos desviados de su destino. Las compras de barbijos en la fábrica de baratijas del mundo, China, encontró sus aeropuertos atestados de compradores ‘fantasmas’ que doblaban los precios o, lisa y llanamente, robaban los cargamentos como en tiempos de guerra o de los bucaneros.

    La proeza tecnológica de las vacunas ahora, a su turno, ha llevado esto a una escala aun superior. Los trabajadores y científicos empleados en laboratorios medicinales perciben que sus descubrimientos más que bienes preciados para “salvar vidas humanas” parecen “armas bioquímicas” que las empresas y sus estados utilizan para batir a sus competidores. La tecnología moderna se demuestra así, no como un fruto de la fraternidad humana para satisfacer la salud y la preservación de la especie, sino más bien en su contrario, o sea en una fuente prioritariamente de perpetuación de los beneficios capitalistas.

    La pelea por la vacuna de AstraZeneca, propiedad de un laboratorio inglés-suizo, puso al rojo vivo una disputa que trasciende por lejos la cuestión del Brexit. El Reino Unido hizo valer lo que se ha dado en llamar el “nacionalismo de las vacunas”, apropiándose de más dosis que ningún otro país de Europa, a pesar de que la principal fuente de financiamiento de las investigaciones del laboratorio fue aportada por la Unión Europea. Bruselas llegó al extremo de incautar vacunas de una fábrica continental que iban a ser despachadas al Reino Unido. El “mercado común” europeo amenazó con prohibir exportaciones del otro lado del canal de la Mancha. El dictador ruso Putin, en el Foro de Davos, “comparó el escenario mundial actual con aquel de la década del 30, previo a la Segunda Guerra Mundial”. El ex hombre fuerte de la KGB dijo que “espera (que eso sea) imposible por una cuestión de principios” (Financial Times, 27/1). Omitió señalar a qué principios se refería.

    Lo de AstraZeneca es la punta de un iceberg. Anjana Ahuja, en el mismo diario inglés, un día antes decía que, en todo el mundo, “Las vacunas están ‘sobrevendidas’… como solución para vencer la pandemia” (título del artículo). Cabe preguntarse, ¿qué diferencia hay entre una sobreventa de vacunas y proclamar el terraplanismo o que las vacunas son inocuas para combatir el virus? Se ha venido a saber, además, que si hasta ahora “alrededor del 75% de las dosis fueron aplicadas en solo 5 países: EE.UU., China, el Reino Unido, Israel y Emiratos Árabes Unidos” (Nora Bar en La Nación, 29/1, en base a datos del ourworldindata.org recogidos por el bioquímico y analista Santiago Olszevicki) esto se debe a que fueron acaparadas por los países productores o pagaron sobreprecios exorbitantes. Es el caso de los dos últimos países informados. Israel, en forma criminal, además, discrimina a la población de los ‘territorios’ ocupados que no han recibido una sola vacuna.

    En EE.UU., el país que está en el epicentro de la pandemia con récords de muertes y contagios a escala planetaria, la distribución de las vacunas revela un carácter absolutamente discriminatorio. Según informan Hannah Recht y Lauren Weber de Kaiser Health Newsen en The Guardian (29/1) “Los miembros de raza negra están recibiendo las vacunas de Covid a tasas dramáticamente más bajas que los estadounidenses de raza blanca”. Alrededor del 3% de los estadounidenses han recibido al menos una dosis de una vacuna contra el coronavirus hasta ahora. Pero en 16 estados que han publicado datos por raza, los residentes blancos están siendo vacunados en tasas significativamente más altas que los residentes negros, según el análisis, en muchos casos dos o tres veces más. En EE. UU. “los afroamericanos, los hispanos y los nativos americanos están muriendo de Covid a una tasa casi tres veces mayor que la de los estadounidenses blancos, según un análisis de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Y los trabajadores de la salud negros y asiáticos no hispanos tienen más probabilidades de contraer Covid y morir a causa de él que los trabajadores blancos” (ídem).

    EE.UU., además, tiene un historial macabro de haber usado a su población negra como ‘conejillo de indias’ de todo tipo de experimentos, lo que dejó secuelas que ahora se expresa en un marcado temor o prejuicio a la aplicación de las vacunas. “Los funcionarios de salud pública deben superar (problemas) para vacunar a los afroamericanos (cuyas) raíces se encuentran en generaciones de maltrato y el legado del infame estudio de sífilis de Tuskegee y la experiencia de Henrietta Lacks” (ídem). Hay una película que describe esta historia.

    Esta situación pesa mucho en EE.UU. y da lugar a un “despliegue vacunatorio que parece un ‘proceso darwiniano’ ”. “Las poblaciones negras pueden necesitar más tiempo para la divulgación lo que determina que se queden atrás. Solo el 18% de los vacunados en Mississippi hasta ahora son negros, en un estado que es 38% negro” (ídem).

 

(1º febrero 2021)

 

 


“Documentales V. Entrevistas a escritores argentinos”. El final de una reivindicación interminable

[Por: Flavio Crescenzi]



[Portada de "Documentales...", Tomo V.]

 

    2021 comenzó con muy buenas noticias, y no me estoy refiriendo a ninguna vacuna en especial, sino a la aparición del quinto y último tomo de “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, de Rolando Revagliatti. No podría decir que mi relación con esta serie es objetiva, pues tuve el honor de ser uno de los escritores entrevistados en el primero de los tomos y, posteriormente, la osadía de escribir una reseña sobre el segundo, motivo por el cual, cualquier reflexión que aquí consigne no pretenderá fingir distancias ni desapegos críticos, sino que más bien buscará la manera de incitar al lector, con el frenesí del que se considera parte interesada, a que devore el libro cuanto antes. 

 

    Para empezar, digamos que lo que hace tan valiosa la gesta que viene llevando a cabo Revagliatti hace ya cuatro volúmenes —y que este quinto y último confirma— es su deliberada reivindicación de la figura del autor, figura que fue en algún punto erosionada por las teorías posestructuralistas y rematada al fin por las teorías posmodernas, cuyos intereses, sospechosamente, se centraban en ese complejísimo juego de espejos, laberintos y palimpsestos en el que se convirtió la literatura tras la victoria y consolidación de la industria cultural. Me referí a esto (aunque quizá con otras palabras) en mi reseña anterior, así que procuraré no repetirme. Sí agregaré algo que no destaqué aquella vez: todos los autores entrevistados en la serie “Documentales” son poetas.

 

    Como se sabe, la poesía, que supo ser un género literario de prestigio en su momento, es hoy apenas un género frecuentado por sus propios cultores y, tal vez, por algún que otro lector curioso o melancólico. El mercado editorial optó hace décadas por géneros, por así decirlo, más «prosaicos», dejando a los poetas relegados a un ostracismo que fue alimentado día a día por el desconocimiento y el olvido. Es aquí donde el trabajo de Revagliatti viene a hacer justicia. Dicho de otro modo, la serie “Documentales” no supone solo la reivindicación de la figura del autor, sino, por sobre todas las cosas, la del poeta como escritor, esto es, como autor de libros de poesía, libros que también pueden comprarse, leerse y disfrutarse. Así, desde ese lugar de intimidad que Revagliatti construye en la entrevista, el lector podrá llegar a ese otro lugar de intimidad que es el poema, pero sabiendo ya que la voz del poeta es anterior al texto poético que eventualmente leerá y que, incluso, esta es mucho más amplia que lo que jamás hubiese imaginado. «En cada poema hay una poética, y en cada poética una concepción de mundo», decía Raúl Gustavo Aguirre, y conjeturo que Rolando Revagliatti está de acuerdo con la frase, ya que es evidente que la serie Documentales” se cimienta en algo parecido.

 

    Este quinto volumen está conformado por las entrevistas realizadas a los poetas/escritores Paula Winkler, María Malusardi, Eduardo Dalter, Pablo Queralt, Marcelo Vernet, Fabián Soberón, César Bisso, Marisa Negri, Reynaldo Jiménez, Jorge Goyeneche, Alejandra Méndez Bujonok, Romina Funes, Carlos Juárez Aldazábal, Rogelio Pizzi, Estela Barrenechea, Marcos Rosenzvaig, Osvaldo Spoltore, Gerardo Burton, Alicia Salinas, Alejandra Correa, José Ioskyn, Fernando Sorrentino y Alberto a. Arias.

 

    “Documentales V. Entrevistas a escritores argentinos”, de Rolando Revagliatti, puede descargarse de manera gratuita a través de los siguientes enlaces:

 

·        http://revagliatti.com/documentalesV/documentales5.htm

·        http://revagliatti.com/documentalesV/DOCUMENTALESV.pdf 

·        https://issuu.com/irezumi/docs/documentales-v-rolandorevagliatti

 

    Solo resta decir que, si bien este tomo es el último de la serie, es posible que dentro de unos meses volvamos a tener novedades del amigo Revagliatti, pues es sabido que su deseo de difundir autores argentinos es casi tan infinito como su amor por la poesía. Hasta que eso finalmente suceda, los invito a deleitarse con estas veintitrés nuevas entrevistas.

 

Buenos Aires, enero de 2021

Diseño integral y diagramación del Tomo V: Patricia L. Boero.