domingo, 31 de enero de 2021

Jacobinismo y Revolución de Mayo (Parte 1)

 [por Norberto Malaj]


[El Club de los Jacobinos.]


(Primera parte)


    Un artículo que se publicó en el blog de Signos del Topo [1] dio lugar –de modo privado– a unos comentarios críticos de un lector. Nuestro “Encarnación Ezcurra, Evita, Cristina” (16/1) no fue cuestionado alrededor de su eje central —el carácter reaccionario de la figura de la esposa de Rosas. Página/12 había emparentado a ésta con Evita y Cristina. Tras una identidad de género entre las tres, o sea un supuesto y vulgar feminismo que en absoluto se corresponde con la verdad, demostramos que el intento de aunar a esas tres mujeres ideológica y/o políticamente era forzado y caprichoso.

    De las dos primeras sobran pruebas de su carácter catolicón y favorable a que la mujer opere a lo sumo como ‘auxiliar’ o ‘servidora’ del hombre/macho. CFK solo muy relativamente puede ser considerada ‘feminista’ (incluso en su versión burguesa y conservadora). El único atributo que la habilita para ello es el uso (y abuso) del plural para el femenino y el masculino, no mucho más. Como Encarnación Ezcurra y Evita, CFK toda su vida se manifestó partidaria del ‘patriarcado’, cerró filas en defensa del matrimonio burgués y se opuso al derecho al aborto. También como las otras dos mujeres, siempre se declaró devota creyente y defensora de la iglesia; claro que más polite con los tiempos que corren, sin siquiera haber apoyado el matrimonio igualitario, supo caer siempre ‘parada’ en el momento oportuno.

    Ahora, si se trata del posicionamiento frente al gran capital agrario-industrial, no cabe duda que Cristina está más cerca de Encarnación Ezcurra-Rosas-Anchorena, 170 años atrás, que del odio que Evita profesaba a la ‘puta oligarquía’. Ese odio tuvo apenas efectos demagógicos —en particular, en la primera etapa del peronismo. Perón en su segunda presidencia fue un completo servidor de la renta agraria de los grandes terratenientes vía los “precios sostén” que pagaba el IAPI [2]. Por supuesto que la prédica anti-oligárquica de Evita, no por lo dicho antes, provocó menos odio de la oligarquía contra ella (ese sentimiento apuntó siempre contra la clase obrera).

    Encarnación Ezcurra formó parte de la élite poscolonial que forjó a la oligarquía, en particular la más poderosa: la bonaerense. Entre la prédica y la acción de Rosas y su mujer, por un lado; y los ‘exabruptos’ anti oligárquicos de Evita hay un abismo —ni hablar que estamos más cerca de los últimos. Claro que el peronismo se valió siempre de esto como un santo y seña para esconder su visceral conservadurismo en relación a la cuestión agraria. Ambos próceres del nacionalismo argentino del siglo XX, Yrigoyen y Perón, ni remotamente rozaron el dominio de la propiedad del latifundio. En este aspecto, el peronismo estuvo bien por detrás de otras expresiones del nacionalismo burgués latinoamericano.

  

Jacobinismo (I)

 

    Nuestro comentarista se refirió a una cuestión que el artículo “Encarnación Ezcurra, Evita, Cristina” trató en forma somera o tangencial. El crítico toma distancia de la afirmación que refiere a la mediocridad de nuestros próceres. En particular de aquellos que señalamos como los “inmaculados”: Belgrano y San Martín. Curiosamente, cierra filas con esa opinión cuasi unánime, no importa si de tirios ‘liberales’ o troyanos ‘revisionistas’ —como dijimos, cada uno viste al ‘santo’ como mejor le sirve.

    En honor a la verdad: el famoso ‘revisionismo histórico’ no hizo más que un ajuste parcial de cuentas con el “padre” de la historiografía argentina: fue el ‘liberal’ Bartolomé (sanguinario) Mitre quien erigió en el panteón de los próceres a Belgrano y San Martín a partir de las obras apologéticas que a cada uno consagró. Lo hizo muchos años después de la muerte de ambos y cuando en Argentina eran ya ilustres desconocidos (entre la acción pública de ambos y esos textos mediaron en promedio 40/50 años). En esto el abismo entre la historiografía de nuestras pampas y las de los próceres de EE.UU. o Francia—Washington, Benjamín Franklin, etc., o Napoleón— con quienes habíamos comparado de modo general a los próceres argentinos, es abismal. El legado de los “padres fundadores” en Norteamérica cimentó una nación que permitió la extensión de las primeras trece colonias hacia el oeste alcanzando el Pacífico en menos de cincuenta años y construyendo una gran nación (dejemos a un lado que esto se hizo en parte a expensas de Mexico).

    La ‘argentinidad’ necesitó de un Belgrano y un San Martín (se evita mencionar que el último nada tuvo que ver con nuestro Mayo) cuando la proto-oligarquía bonaerense se afianzó y liquidó las aspiraciones que Castelli expuso en el Tahuantinyusofrente a las masas indígenas. Allí, en proclamas que se distribuyeron en quichua y aimará y sin pagar tributo alguno a la odiada iglesia ‘evangelizadora’, Castelli prometió acabar no solo con los españoles sino también con la opresión que perpetuaban los criollos adinerados. La curia porteña y del Altiplano, en particular, reaccionó frente a esa acción jacobina de Castelli como la iglesia venezolana cuando el terremoto que devastó Caracas en 1812. La iglesia del Caribe declaró que había sido un “castigo de dios” por el atrevimiento de los patriotas en alzarse contra la Corona (aquel terremoto fue el más terrible que sufrió esa ciudad: murieron 12 mil caraqueños). Meses después una contraofensiva realista termina con la primera república de Venezuela. La que encabezó Miranda y por la cual termina su vida en prisión en España. El rol retrógrado y reaccionario de la iglesia vaticana en América Latina fue un factor determinante en el curso timorato y conservador de las nuevas repúblicas debajo del río Bravo.

    La frustración del proyecto de Moreno-Artigas parió una nación amputada de medio ex Virreinato, condenando a toda América Latina a su balcanización. La Gran Colombia imaginada por el venezolano a fines del siglo XVIII no encontró una burguesía de estatura equivalente a la norteamericana. Los Estados Unidos de América Latina quedaron enteramente como una tarea democrática incumplida que sólo tendrá lugar bajo la revolución socialista internacional. El “panamericanismo” burgués, desde fines del siglo XIX, alumbró como una bandera que sirvió siempre al sometimiento de América Latina al imperialismo norteamericano. Los EE.UU. llevaron a sus “padres fundadores” al panteón cuando aún estaban en vida. El ‘rescate’ de Belgrano y San Martín se hizo post mortem. Belgrano murió en soledad y despreciado; San Martín, alejado del país y distanciado de todo compromiso político.

    En la acepción de nuestro crítico, Belgrano y San Martín habrían sido, sin embargo, “los ‘centristas’ del jacobinismo vernáculo”, si bien —nos dice— “los revolucionarios más consecuentes fueron Moreno, Castelli y Artigas”. En defensa de los otros dos, sin embargo, agrega: “San Martín y Belgrano tuvieron que manejarse en un fango muy difícil”. Descree, también, de la crítica que hiciéramos a las tendencias pro-monárquicas de uno y otro: “En cuanto a la monarquía constitucional que se achaca a Belgrano, no es tan clara. En cuanto a San Martín, solamente habló de una monarquía inca”. Trascartón, en un acto que pareciera colocarlo en el campo de la supuesta superioridad de San Martín sobre Bolivar entre ambos Libertadores, el venezolano es castigado sin piedad: “De hecho el reaccionario fue Bolívar que se oponía a la existencia de un rey inca. El republicanismo blanco es blanco al fín, una monarquía constitucional India es originaria, es decir pese a la gran contradicción la postura de Bolivar estaba (y además estuvo) siempre a la derecha de San Martín”.

 

Jacobinismo y revolución burguesa

              

    Coincidimos sí, con nuestro crítico, en abordar la revolución de Mayo —y todo el proceso independentista de América Latina— no sólo como parte de la era de la revolución burguesa sino, especialmente, a través de sus categorías de las que se ha apropiado el marxismo. Pero ojo. Digamos desde ya que estas categorías han servido para todo tipo de malabares anti-marxistas. Sin ir más lejos, Jacobin se denomina la principal publicación de los Demócratas Socialistas de EE.UU. que tributan a Biden —y fueron el principal respaldo del ‘independiente’ Sanders en las primarias del partido Demócrata, en 2016 y 2020. Una versión local, y en español, tributaria del nacionalismo burgués vernáculo, ha comenzado a salir recientemente.

    Entonces, al hablar de ‘jacobinismo’ hay que desbrozar el terreno. El criollismo blanco vernáculo —la burguesía naciente del período tardocolonial— en toda América Latina y el Caribe fue de modo general mucho más conservadora y timorata que su equivalente de las trece colonias inglesas de Norteamérica. La razón de esto hay que buscarla en la lucha que realmente inició nuestro proceso independentista contra el dominio español (portugués y demás). Aquí no hubo una guerra por el té contra Inglaterra, como en el Norte. Y no porque no hubiera madurado una resistencia contra el monopolio español o portugués.

    ¿Por qué fueron más timoratos los criollos de América Latina? Porque los primeros levantamientos revolucionarios aquí fueron protagonizados por las masas indígenas, mestizas y negras: el movimiento de Tupac Amaru que afectó a todo el Alto Perú, el levantamiento de los comuneros en Colombia y, sobre todo, el gran levantamiento negro de Haití bajo la dirección de Tousaint L´Ouverture, que condujo en 1804 a la primera república independiente del subcontinente y a la primera república negra en el planeta. Fue la acción de “Los jacobinos Negros”, como la denominó el gran historiador trotskista C. L. R. James, en esa obra clásica inigualada que así tituló y que ningún socialista de América Latina debiera dejar de leer (publicada por primera vez en 1938, hasta hoy es escasamente conocida). El stalinismo ignoró aquella acción siempre, entre otras cosas porque el mitrismo congénito de los PCs contribuyó (casi) siempre al ensalzamiento de las virtudes de los ‘patriotas’ criollos que se colocaron tempranamente de espaldas a esos movimientos.

    ¿Cuál es la conclusión entonces? El jacobinismo, entendido como la expresión del ala radical de la revolución burguesa, en América Latina tuvo expresiones muy limitadas entre los criollos. Éstas tuvieron lugar no en los grandes centros de la opresión colonial sino en dos ‘ciudadelas’ relativamente marginales, o menores: en el Río de la Plata y en Venezuela. De modo general, sin embargo, tuvo muchos claroscuros. Sus expresiones más avanzadas fueron indiscutiblemente el artiguismo oriental y los hombres de Mayo reunidos en torno a las figuras de Mariano Moreno y Castelli, por un lado; y Francisco de Miranda, ‘el precursor’ de la Gran Colombia, y Bolívar, por el otro.

    En los dos grandes centros más importantes de la colonización española, México y Perú, la conducta de las clases criollas rozó lisa y llanamente, sino el colaboracionismo directo con los españoles, una actitud completamente timorata. México vivió un primer momento revolucionario con una gran intervención de masas, bajo el levantamiento del cura Morelos y de Hidalgo que fue rápidamente conjurado. El derrotero posterior de la independencia mexicana, junto a la de Brasil, está en el panteón de los compromisos contrarrevolucionarios más notables de la historia de América Latina.

    Lo de Perú fue aun peor. Hasta último momento la independencia de la cabeza del Virreinato que España saqueó como ninguna otra colonia (incluidas Filipinas, Holanda y el norte de África) costó… un ‘perú’. La cobardía de las élites de Lima fue determinante en el fracaso de San Martín allí (por lejos el mayor de su carrera) y de sus intentos de ‘compromiso’ con esas élites, a costillas siempre de las clases populares. La cobardía de la burguesía peruana, especialmente de las zonas bajas, estaba dictada por el recuerdo y el temor a un nuevo alzamiento de características como el de 1780/1: levantamientos indígenas y populares hubo cientos entre 1810 y 1825 y la oligarquía peruana los conjuró siempre de la mano del ejército español.

    Las tendencias conservadoras de San Martín fueron en todo sentido más marcadas que en ningún otro lado en relación con Perú: primero, se negó a emprender la marcha por tierra para evitar un contacto con las vastas clases populares del Alto Perú y la sierra y encarar un proceso de reanimamiento de las heroicas republiquetas criollas que el Directorio porteño dejó aplastar sistemáticamente (esto hubiese sido más ‘barato’ e infinitamente más efectivo); una vez instalado en Lima, su gobierno se sometió a todos los dictados de aquellas élites. Las clases populares se resistieron a su gobierno (por esto cayó asesinado su principal lugarteniente, Monteagudo). Fue en Perú donde San Martín intentó consagrar príncipe a una figura de alguna monarquía europea.

    En Chile San Martín libró sus grandes combates militares que los historiadores compararon con los de Napoleón. Si bien no fueron tantos, sí más importantes que los que libró Bolívar (aunque no tan sangrientos) contra tropas realistas. Esto contrastó, sin embargo, con su acción política que bien lejos estuvo de ser jacobina, incluso ‘centrista’: hizo ejecutar en Chile a tres de los grandes líderes del ala más radical de la primera república que nació un año después de nuestro Mayo. Fue derrotada por la pusilanimidad de las élites de Santiago. San Martín, Monteagudo y O´Higgins hicieron ejecutar a dos de los hermanos Carrera y al heroico guerrillero Manuel Rodríguez, los verdaderos “padres de la patria chilena” y cabeza del ala ‘jacobina’ del proceso independentista chileno. Ellos, igual que Artigas-Moreno-Castelli en el Río de la Plata, los Warnes y Juana Azuduy en el Alto Perú y los paraguayos (primero del Dr. Francia y luego de los Solano López) imaginaron una patria única y no balcanizada como terminó ocurriendo. San Martín, que tuvo sus enfrentamientos con el Directorio de Pueyrredón en Buenos Aires, cerró filas también con éste, sin embargo, para que se librara de Artigas.

    Sobre Belgrano, un colega —Mauricio Fau— con quien preparamos una investigación sobre ambos Libertadores, escribió una enjundiosa obra que ilustra desde el título: Belgrano, el contrarrevolucionario (Editorial La Bisagra, 2014). Invitamos a su lectura.

    A Bolívar, el más contradictorio de los tres, le reservamos la segunda parte de este texto.

 

Monarquía y República [3]

 

    En la Historia es fatal manejarse con categorías idealistas. Una de las disquisiciones clásicas del idealismo historiográfico, es el de la discusión sobre las ‘preferencias’ de los “padres de la patria” por la monarquía o por la república.

    Monarquía y república son presentadas como “modelos” que cada prócer ‘elige’ según su ‘visión’ del proceso emancipatorio.

    La realidad es bien distinta: las burguesías latinoamericanas identificaban, por un lado, a la monarquía absoluta con los intereses del monopolio español, y por el otro, a la república con la “anarquía” y la “democracia”, que en aquel contexto se les presentaban como sinónimos.

    La república tenía el oprobioso origen continental del poder para los negros en Haití, pasaba por la (demasiado escandalosa y para peor anti inglesa) revolución norteamericana, se expresaba más cerca en el indomable Paraguay (que proclamó su independencia y su república en 1811, mucho antes que el retorno absolutista se hizo realidad) y remataba en el poderoso proceso de independencia absoluta, república, reforma agraria y confederación, de la Liga de los Pueblos Libres.

    Entonces: la monarquía constitucional no era un ‘gusto’ de la burguesía criolla dentro del ‘menú’ de regímenes políticos, sino el que lograba cumplir con el objetivo central de esa clase en ascenso: deshacerse del poder absoluto del rey, del monopolio comercial y de las trabas al acceso a los cargos públicos para los criollos, eso por un lado; por el otro, bloquear una independencia absoluta, que implicaba participación de las masas en el poder político y en el acceso a la tierra, libre navegación de los ríos y poder descentralizado y separado de Buenos Aires.

    Los planteos, cartas, pronunciamientos y, por sobre todo los pasos concretos, tanto de Belgrano como de San Martín, estuvieron siempre orientados a obtener una independencia que desplazara a los comerciantes monopolistas y a los funcionarios españoles en beneficio de los criollos, evitando al mismo tiempo la irrupción de las masas en las decisiones políticas y en el reparto económico.

    Para ello, la monarquía constitucional con matriz británica brindaba la fórmula ideal.

    Lo de la monarquía incaica es un relato: luego de permanecer un año (1815) en Europa junto a Rivadavia y Sarratea en busca de un “regente” (de cualquier potencia) para el Río de la Plata –incluida España–, Belgrano y los otros dos vuelven tras fracasar en el objetivo. Sacan entonces ‘de la galera’ el ‘conejo’ que el Directorio y el Congreso de Tucumán venían cocinando con la complicidad de la corte portuguesa residente en Río de Janeiro: coronar a un descendiente inca (el candidato era un octogenario descendiente de Túpac Amaru que estaba preso hacía décadas en una isla perdida y ni siquiera hablaba castellano), ‘figurita decorativa’ que sería vinculada matrimonialmente, oh casualidad, con una princesa de la casa Braganza (la de la Carlota residente en Brasil).

    Tres días antes de la declaración de la independencia, el 6 de julio de 1816, Belgrano informaba sobre la necesidad de “monarquizarlo todo” y arma barullo con lo del rey inca. Aclara también que el Rey Juan de Portugal era “pacífico y enemigo de conquistas”: mientras Belgrano informaba esto tropas portuguesas entraban desde Brasil a la Banda Oriental para barrer ‘pacíficamente’ con los jacobinos de verdad.

    Veinte días después de la declaración de la independencia, el Congreso de Tucumán blanqueó en una proclama el objetivo cumplido: “Fin de la revolución, principio del orden”.

    Por su parte, San Martín se mostró totalmente de acuerdo con la idea de un monarca inca. Claro que no volvió a insistir con el tema cuando tomó Lima, peligrosamente rodeada de guerrillas indias.

    Por el contrario, desde un primer momento se mostró negociador al extremo, tanto que recibió duras críticas hasta de Lord Cochrane, quien quería aniquilar sin más a los realistas. Procuró negociar una independencia manteniendo un rey que, al igual que en el caso del Río de la Plata, podía ser británico (primera opción), ruso, austríaco, francés e incluso español. También envío a dos diplomáticos a Europa con el mismo objetivo, sin éxito.

    ¿Incoherencia? No. Belgrano, como San Martín, buscaba preservar sobre todo el orden, la palabra sacrosanta por excelencia. Un orden que pretendían a favor de los criollos, compartiéndolo parcialmente con elementos reconvertidos del viejo orden (esto será notorio en Perú).

    La política que San Martín aplicó contra los jacobinos del otro lado de la cordillera tuvo su correlato aquí en la política que Saavedra, Alvear, Posadas, Pueyrredón—con la anuencia de Belgrano— condujo, primero al desplazamiento de Castelli y Artigas, luego de Francisco Borges, Juan Pablo Bulnes, Manuel Dorrego y cientos de opositores, a muchos de los cuales se deportó a Baltimore, que se convirtió en un centro político por la independencia de América.

    Carlota, la hermana de Fernando VII a la que se rendían pleitesías y se rogaba tomara el poder rioplatense, ya en 1809 —instalada en Río de Janeiro—clamaba por una represión ejemplar contra Chuquisaca y La Paz, donde anidaba “la serpiente de la democracia”.

    Desplazar a sus competidores españoles y eliminar la amenaza popular: a eso se resume el juego de pinzas de Belgrano y San Martín.

 

¿Por qué el jacobinismo criollo —en toda América— debe ser relativizado?

 

    Hemos contrastado el período de la independencia de EE.UU. —transcurrido virtualmente 30/40 años antes del latinoamericano— para destacar, en principio, el carácter infinitamente más radical y revolucionario del primero. Esto vale, indiscutiblemente, en cuanto a la intransigencia de las ex colonias inglesas frente a Inglaterra y en cuanto a sus consecuencias, en términos de transformaciones sociales e instituciones democráticas creadas (lo que no ocurre en América Latina).

    Respecto a lo primero, digamos que la guerra de independencia norteamericana fue una guerra revolucionaria que movilizó a grandes masas —especialmente en las colonias del norte (Massachussets, Filadelfia), como sólo ocurrió en América Latina muy limitadamente. En cierta medida vale aquí para la banda oriental con Artigas, en el altiplano boliviano en 1809 cuando el alzamiento de Charcas y, de conjunto, para el proceso de movilización política que se vivió en el Río de la Plata frente a las invasiones inglesas (1806/7) y más relativamente hasta la caída del morenismo y la derrota de Sipe-Sipe (13/8/1811), cuando las élites porteñas se deshicieron de Castelli. Éstas lo culparon por esa derrota escondiendo así su escasa voluntad de defender esa región, abandonándola a merced de la contraofensiva del virrey Abascal y Goyeneche.

    La tesis de nuestro crítico parece  negar que la guerra de independencia “es más profunda” en Norteamérica que la de América Latina, al señalar que la primera “no es producto de una rebelión, sino de los intereses sureños que perdían sus ganancias frente a Inglaterra”. El crítico se equivoca por partida doble: la rebelión norteamericana se inició como una rebelión en el norte más desarrollado, en Massachussets más precisamente, donde tuvo lugar un verdadero levantamiento popular que se fue extendiendo y desarrollando por todas las colonias. El sector colonial que más competía con Inglaterra no era el sur sino precisamente el norte, más desarrollado. Era éste el que ponía más en juego. Es imposible abordar en el escaso espacio que tenemos aquí las contradicciones del proceso revolucionario de las colonias de Norteamérica. Pero adelantamos una de las más importantes que tendrá enorme importancia posterior. Aunque el norte más desarrollado (y no esclavista) acaudilló la revolución, la mayoría de los “padres fundadores” provino del sur esclavista.

    El segundo aspecto que ilustra sobre la profundidad indiscutiblemente mayor de la revolución norteamericana tiene que ver, a) con la liquidación-expropiación-expulsión de la gran propiedad de los wigs ingleses, poseedores de grandes tierras y que terminó por cerrar cualquier desarrollo oligárquico en EE.UU.; b) con la instalación de instituciones infinitamente más democráticas en EE.UU. que las vigentes en todo el siglo XIX en América Latina —hay que decir en verdad que esas instituciones, en las principales colonias del norte preexistían al momento de la revolución de independencia. La opresión inglesa en el norte fue relativamente más benigna en materia de instituciones políticas (y también religiosas). El protestantismo dominante allí no tuvo los rasgos oscurantistas tan marcados como los de la iglesia vaticana en Hispanoamérica —la Inquisición aquí fue nefasta.

    Ahora bien, dicho todo lo anterior. ¿Por qué tampoco vale relativamente para EE.UU. la caracterización de una ‘revolución jacobina’ aun considerando todo lo señalado?

    Porque EE.UU. vivió una revolución democrática que ni remotamente rozó la cuestión racial por excelencia de aquellas ex colonias inglesas. Los nacientes EE.UU., relativamente, habían concluido con la cuestión indígena al momento de la independencia: los pueblos originarios del norte fueron mucho menos numerosos que los del sur del continente y las 13 colonias fueron corriéndolos (y exterminándolos) en la medida en que se ampliaba la colonización. El gran problema que la revolución norteamericana no abordó y que llevará 70/80 años después a la Guerra de Secesión era el problema negro. EE.UU. a fines del siglo XVIII, después de la independencia de Haití, se transforma en la principal economía de base esclavista del planeta. El capitalismo norteamericano se cimentó en la explotación en gran escala de la esclavitud en cinco de las 13 colonias del Sur, las más prósperas y de los que salieron, como ya se dijo, los principales “padres fundadores” y casi todos los presidentes de EE.UU. en sus primeros 50 años. Con excepción de Benjamín Franklin todos los “padres fundadores” de la democracia norteamericana fueron propietarios de esclavos.

    Sólo por este hecho corresponde bajarle el copete a la exaltación de EE.UU. que Sarmiento, José Ingenieros y hasta Milcíades Peña hicieron de la gesta norteamericana. Ciertamente ni siquiera el jacobinismo más ‘puro’ —el de Robespierre— se caracterizó por su carácter antiesclavista. La declaración de los derechos del hombre de la ‘grande révolution’ no rozó siquiera el tema. Napoleón trató a los rebeldes haitianos a sangre y fuego. Por esto pagó, como le ocurrió en España, el precio de estrepitosas derrotas cuando en vez de gestas ‘libertarias’ optó por guerras de opresión.

    Colofón: la cuestión de cómo operó la naciente clase burguesa en el continente americano—la clase llamada a acaudillar una revolución agraria, la industrialización, el desarrollo del mercado interno; o sea las tareas propias de la revolución burguesa— es crucial para medir su profundidad. Sintomáticamente, la de EE.UU. que tuvo el honor deser la primera revolución democrática del continente, una vez asentada su victoria no fue un trampolín para la extensión de la revolución burguesa.

    Al contrario, los nacientes EE.UU. brillaron por su ausencia frente a los levantamientos criollos en el sur del continente: EE.UU. jugó un rol conservador y hasta reaccionario. Desde que la revolución haitiana (fines del siglo XVIII) exhibió hasta dónde podía llegar una rebelión negra, EE.UU. dio la espalda a todas y cada una de las gestas libertarias de América Latina. Fue el virginiano Monroe, quien en su carácter de presidente de los EE.UU. pronunció tempranamente (1823) el “América para los americanos”, acuñando la doctrina que lleva su nombre. Los EE.UU. apuntalaron muy tempranamente, primero la reacción oligárquica en América Latina. Luego, desde fines del siglo XVIII con el reemplazo que hizo EE.UU. de España en Cuba (y luego en Puerto Rico) se transformó durante todo el siglo XX en la mayor fuerza de opresión colonial/semicolonial del subcontinente.

    En Latinoamérica las clases criollas del subcontinente fueron más timoratas que las de Norteamérica no porque aquí “tuvieron que manejarse en un fango muy difícil”. La historia contemporánea es el ‘fango’ de la lucha de clases. Hay que analizar ésta y no dejarse llevar por fetiches. Vale que la era de la revolución burguesa, en Norteamérica, se ubique históricamente en el inicio de uno de sus ciclos más prósperos. Las luchas por la emancipación latinoamericana, o por lo menos las que emprendieron nuestros criollos, se corresponden al último período de ese ciclo. En verdad nuestras independencias se consagran mayormente cuando ya se había iniciado el ciclo de la reacción en Europa, caído Napoleón. Pero nada es lineal. El thermidoriano Napoleón, guste o no, hizo más por la revolución burguesa en América Latina que los revolucionarios del norte.

 

(25 enero 2021)

 

(CONTINÚA EN LA SEGUNDA PARTE)

 

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 NOTAS

[1] http://signosdeltopo.blogspot.com/2021/01/encarnacion-ezcurra-evita-cristina.html

[2] El Instituto Argentino de la Promoción del Intercambio creado tras el ascenso de Perón al gobierno, en 1946, apropiándose de una parte de la renta agraria para la promoción de la industria nacional. Eso ocurrió mientras los precios internacionales de las materias primas eran muy altas. Cuando los precios en el mercado mundial cayeron, a la inversa, el IAPI pasó a subsidiar a los terratenientes.

[3] Todo este capítulo es producto de una colaboración de Mauricio Fau.


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PUEDE VERSE TAMBIÉN:

https://signosdeltopo.blogspot.com/2021/01/encarnacion-ezcurra-evita-cristina.html



 

 

Una cuestión de honor [Contra la pena capital]

  [por Rosa Luxemburg]


[Este artículo, conocido mayormente como “Contra la pena capital” o “Contra la pena de muerte”, en verdad fue publicado el 18 de noviembre de 1918 en el Nº 3 de Die Rote Fahne (La Bandera Roja), órgano de la Liga Spartakus, con el título “Una cuestión de honor”. Hasta no contar con una versión directa del alemán, nos atenemos a esta, proveniente de una en inglés bastante difundida a través de diversas ediciones de las “Obras escogidas” en castellano.

    Rosa Luxemburg es liberada de la prisión de Breslau (en alemán; en polaco: Wroclaw) el 9 de noviembre de 1918 y al día siguiente está en Berlín para incorporarse a la acción revolucionaria, al frente de su organización política. Los socialdemócratas mayoritarios ordenarán asesinarla apenas dos meses después, el 15 de enero de 1919, tras la fundación del Partido Comunista de Alemania.  (Nota del Espacio Rosa Luxemburg) ]

 

["Ronda de presos". Vincent Van Gogh]

 

     No deseábamos la amnistía ni el perdón para los presos políticos del viejo orden. Exigíamos el derecho a la libertad, a la agitación y a la revolución para los cientos de hombres valientes y leales que gemían en las cárceles y fortalezas porque, bajo la dictadura de los criminales imperialistas, habían luchado por el pueblo, la paz y el socialismo.

    Ahora están todos en libertad.

    Nos encontramos nuevamente en las filas, listos para el combate. No fue la camarilla de Scheidemann y sus aliados burgueses, con el príncipe Max von Badén a la cabeza, quienes nos liberaron. Fue la revolución proletaria la que hizo saltar las puertas de nuestras celdas.

    Pero la otra clase de infelices habitantes de esas sombrías mansiones ha sido completamente olvidada. Nadie piensa ahora en las figuras pálidas y tristes que suspiran tras los barrotes de la prisión por haber violado las leyes ordinarias.

    Sin embargo, también ellos son víctimas desgraciadas del orden social infame contra el cual se dirige la revolución; víctimas de la guerra imperialista que llevó la desgracia y la miseria hasta los extremos más intolerables de la tortura; víctimas de esa horrorosa masacre de hombres que liberó los instintos más viles.

    La justicia de las clases burguesas fue nuevamente como una red que permitió escapar a los tiburones voraces, atrapando únicamente a las pequeñas sardinas. Los especuladores que ganaron millones durante la guerra han sido absueltos o han recibido penas ridículas. Los ladronzuelos, hombres y mujeres, han sido sancionados con severidad draconiana.

    Agotados por el hambre y el frío, en celdas sin calefacción, estos seres abandonados por la sociedad esperan piedad y compasión.

    Han esperado en vano, porque en su afán de obligar a las naciones a degollarse mutuamente y distribuir coronas, el último de los Hohenzollern olvidó a estos infelices. Desde la conquista de Lieja no ha habido una sola amnistía, ni siquiera en la festividad oficial de los esclavos alemanes, el cumpleaños del káiser.

    La revolución proletaria debería arrojar un rayo de bondad para iluminar la triste vida de las prisiones, disminuir las sentencias draconianas, abolir los bárbaros castigos —las cadenas y azotes-, mejorar en lo posible la atención médica, la alimentación y las condiciones de trabajo. ¡Es una cuestión de honor!

    El régimen disciplinario imperante, impregnado de un brutal espíritu de clase y de barbarie capitalista, debería modificarse radicalmente.

    Pero una reforma total, acorde con el espíritu del socialismo sólo puede basarse en un nuevo orden social y económico; tanto el crimen como el castigo hunden sus raíces profundamente en la organización social. Sin embargo, hay una medida radical que puede tomarse sin complicados procesos legales. La pena capital, la vergüenza mayor del ultrarreaccionario código alemán, debería ser eliminada de inmediato. ¿Por qué vacila este gobierno de obreros y soldados? Hace doscientos años el noble Beccaria denunció la ignominia de la pena capital. ¿No existe esta ignominia para vosotros, Ledebour, Barth, Däumig?

    ¿No tenéis tiempo, tenéis mil problemas, mil dificultades, mil tareas os aguardan? Cierto. Pero controlad, reloj en mano, el tiempo que se necesita para decir: “¡Queda abolida la pena de muerte!”. ¿Diréis que para resolver este problema se requieren largas deliberaciones y votaciones? ¿Os perderías así en la maraña de las complicaciones formales, los problemas de jurisdicción, la burocracia departamental?

    ¡Ah! ¡Cuan alemana es esta revolución alemana! ¡Cuan habladora y pedante! ¡Cuan rígida, inflexible, carente de grandeza!

    La olvidada pena de muerte es sólo un pequeño detalle aislado. Pero, ¡con qué precisión se revela el espíritu motriz, que guía a la revolución, en estos pequeños detalles!

    Tomemos cualquier historia de la Gran Revolución Francesa, por ejemplo, la aburrida crónica de Mignet.

    ¿Es posible leerla sin que el corazón lata con fuerza y arda la frente? Quien la haya abierto en una página cualquiera, ¿puede cerrarla antes de haber oído, conteniendo el aliento, la última nota de esa grandiosa tragedia? Es como una sinfonía de Beethoven elevada a lo grandioso y a lo grotesco, una tempestad tronando en el órgano del tiempo, grande y soberbia en sus errores al igual que en sus hazañas, en la victoria tanto como en la derrota, en el primer grito de júbilo ingenuo y en el último suspiro.

    ¿Y qué ocurre en este momento en Alemania?

    En todo, sea grande o pequeño, uno siente que estos son siempre los viejos y sobrios ciudadanos de la difunta socialdemocracia, para quienes el carnet de afiliado es todo, y el hombre y el espíritu, nada.

    No debemos olvidar, empero, que no se hace la historia sin grandeza de espíritu, sin una elevada moral, sin gestos nobles.

    Al abandonar Liebknecht y yo las hospitalarias salas donde vivimos en los últimos tiempos —él, entre sus pálidos compañeros de penitenciaría y yo con mis pobres, queridas ladronas y mujeres de la calle con quienes pasé tres años y medio de mi vida- pronunciamos este juramento, mientras nos seguían con sus ojos tristes: “¡No os olvidaremos!”

    ¡Exigimos al comité ejecutivo de los Consejos de Obreros y Soldados que tome medidas inmediatas para mejorar la situación de los prisioneros en las cárceles alemanas!

    ¡Exigimos que se elimine inmediatamente la pena de muerte del código penal alemán!

    Durante los cuatro años de masacre de los pueblos, la sangre fluyó en torrentes. Hoy, cada gota de ese precioso fluido debería preservarse devotamente en urnas de cristal.

    La actividad revolucionaria y el profundo humanitarismo: tal es el único y verdadero aliento vital del socialismo.

    Hay que dar vuelta un mundo. Pero cada lágrima que corre allí donde podría haber sido evitada es una acusación; y es un criminal quien, con inconsciencia brutal, aplasta una pobre lombriz.

 

(18 nov 1918)

 

Título original : «Eine Ehrenpflicht ». Publicado en Die Rote Fahne (Berlin), n° 3 - 18 noviembre 1918.

 


El plan A las Aulas: una reorganización educativa

 [por Damián A. Melcer]


Por un frente único de la docencia de todos los niveles


[Presencialidad escolar y pandemia en el 2021.]


COVID-19 y ciclo lectivo 2021

     El gobierno de la provincia de Buenos Aires, al igual que el gobierno de la Ciudad, prepara el terreno para el inicio de las clases en contexto de COVID-19. La Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) de la provincia de Buenos Aires ha resuelto dejar sin efecto “la suspensión del dictado de clases presenciales”, es decir que las y los docentes de todos los niveles finalizamos el ciclo lectivo 2020 con la perspectiva de un ciclo 2021 donde se desarrollen dictados de clases presenciales, algo que fue puesto a prueba durante el mes de diciembre en todas las jurisdicciones y con las más diversas formas de resistencia de los y las docentes. La nueva normalidad estará regida por el protocolo marco elaborado desde el ministerio de educación nacional (Protocolo marco y lineamientos federales para el retorno a clases presenciales en la educación obligatoria y en los institutos superiores. Resolución 364/20).

 

Qué sabemos de los protocolos

     El protocolo marco, impulsado por el Consejo Federal de Educación, es la referencia de los protocolos provinciales y jurisdiccionales. Los protocolos para volver a la presencialidad son, entonces, una política unificada del Estado nacional y de los estados provinciales; una política educativa de Estado; hacer protocolos para forzar el regreso a clases. En la provincia de Buenos Aires, el retorno a las clases presenciales estuvo signada por la improvisación y la inmediatez. El ciclo lectivo 2020 terminó corriendo detrás del compás que marcó el ‘larretismo’ en CABA. Aperturas y actos escolares de finalización de cursos diseminando burbujas, reestructurando los tiempos de trabajo docente y alterando la conformación de los cursos, que sólo podían ser integrados por grupos no mayores de 10 estudiantes.

    Pero el gobierno de CABA no imponía su propia melodía, sino que seguía la partitura elaborada por los organismos internacionales, como la UNESCO y UNICEF, que promueven una apertura de los establecimientos educativos argumentando que las brechas de desigualdad crecen en el contexto de aislamiento, como si se debiera solo a este motivo. Los gobiernos avanzan con sus propuestas de retorno a la presencialidad delegando la implementación a los equipos de conducción de cada establecimiento, para que asuman “la toma de decisiones en medio de la incertidumbre propia de la emergencia” (UNICEF, informe, 2020). El gobierno provincial convoca, en la medida de que sea posible en cada establecimiento educativo, a que sean los equipos de conducción quienes definan “los formatos para la organización de los grupos y la frecuencia de las clases en cada institución escolar” considerando “los recursos de la institución” (Comunicación N° 85/20 de la DGCyE). La descentralización educativa da un paso más al promover que sean los equipos directivos quienes planifiquen una reorganización de las propuestas pedagógicas. Los directivos son forzados a introducir una reorganización que implica la modificación del formato educativo, la afección del curriculum y del trabajo docente sin solicitar recursos al Estado.

 

Alabad la presencialidad y vendrá un nuevo formato educativo

     El 2020 terminó con la totalidad de los niveles educativos promoviendo actividades socioeducativas presenciales; desde inicial hasta el nivel medio e incluso el universitario-superior. En tal sentido, la UBA adoptó los requerimientos sanitarios aprobados por Ciudad de Buenos Aires y Nación y solicitó a las autoridades de cada unidad académica que “adecuen el protocolo marco” de acuerdo a las particularidades de cada institución para “el retorno de las actividades académicas prácticas”. Este protocolo fija la perspectiva de una amplia reorganización del trabajo al promover que “cada unidad académica deberá flexibilizar y establecer nuevos horarios y jornadas académicas entre sus programas con el fin de evitar concentraciones y afluencia masiva de personas” (Protocolo presentado en diciembre por el rectorado de la UBA). Institutos de educación superior privados, como la UCA, la UADE y otros, también terminaron el año implementando la presencialidad.

    En pleno aumento de contagios y ante una curva ascendente el ministro de educación se muestra preocupado, solo en palabras, pero sostiene la presencialidad “como el ordenador del nuevo ciclo lectivo” (Ámbito, 6-01). De un lado y otro de la grieta acuerdan en esta apreciación. En tal sentido el gobierno nacional presentó el plan “A las aulas: Síntesis de acciones y plan de trabajo 2021 para garantizar la plena presencialidad en el sistema educativo argentino”.

    El documento muestra que el 95% de los hogares recibió propuestas pedagógicas durante todo el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio; que el 85% de las familias valoraron positivamente el trabajo de docentes y escuelas durante la suspensión de clases presenciales. Se informa, también, en lo que respecta a la educación media que 6 de cada 10 adolescentes reconoció haber aprendido contenidos escolares nuevos y prácticamente la misma proporción señaló que lograron organizarse mejor y de manera más autónoma. Del total de los encuestados, más del 70% de los estudiantes que accedieron a recursos educativos digitales destacó que le gustaría que se continuara con su utilización en clases presenciales. Estos datos son, en parte, compartidos por UNICEF Argentina cuya encuesta pone de relieve que más del 65% de estudiantes dicen haber recibido aprendizajes. ¿Es entonces una profunda razón educativa el retorno a la presencialidad en este contexto?

 

Las dificultades relevadas

     En el mismo documento se relevaron como dificultades la heterogeneidad en el tipo y en la intensidad de los aprendizajes y la desigualdad en el acceso a recursos digitales para sostener educación virtual (siendo que el 45 % de los hogares no dispone de una computadora en funcionamiento, el 52 % de los hogares no cuenta con una computadora liberada para uso educativo y que 3 de cada 10 de hogares no tiene acceso fijo a Internet). Todas razones que promueven un riesgo efectivo de desvinculación del sistema escolar, que no requieren de protocolos presenciales para ser solucionadas.

    La educación a distancia, remota o virtual, puso de relieve la sociedad desigual, violenta y opresiva en la que vivimos; no sólo por las condiciones de vivienda para enseñar y aprender sino también por las necesidades que surgen al momento del aprendizaje y que generan nuevas dificultades. En la Argentina, en “el 85% de los hogares, las madres ayudaron a sus hijos con los deberes”, a lo que se suma que las tareas domésticas o de cuidados siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres por lo que “el 57% respondió que sentía una mayor sobrecarga laboral desde el inicio de la pandemia” (El país, 17-12-20).

    Sucede que las condiciones de la cuarentena impulsaron el virtual freno de la fuerza de trabajo conllevando a la parálisis del régimen capitalista que no puede garantizar su propio desarrollo sin movilizar a la fuerza de trabajo (hombres y mujeres). La movilización de la fuerza de trabajo evidenció la incapacidad del actual régimen social de garantizar la salud y el cuidado para que la fuerza de trabajo no se dañe, no se enferme, no se contagie. Aprender en el hogar implica, para la población estudiantil de los niveles de inicial, primario y una parte del nivel medio, requerir de un adulto que los asesore y los acompañe en dicha actividad. Se genera una contradicción entre niños y niñas que deben aprender en sus domicilios mientras los adultos deben ir a sus lugares de trabajo o trabajar desde el domicilio, sin licencias.

    El afán por la presencialidad y la necesidad de recurrir a los establecimientos, a pesar de todas las instancias de mediaciones didáctico-pedagógicas que existen, pone en evidencia que han convertido a las escuelas en instrumentos para el alojamiento de los niños, niñas y adolescentes con la finalidad, hasta cierto punto, de permitir liberar a la fuerza de trabajo adulta para el mercado laboral. Por eso para el ministro Trotta es posible que “las medidas restrictivas pueden convivir con la presencialidad en las aulas” porque se trataría de priorizar “el mercado de trabajo y la apertura escolar.” (Ámbito, 6-01). Es una señal a los mercados y organismos financieros de que Argentina volvería a la normalidad del capital.

 

A las aulas: un plan estratégico para 2021 (macrismo recargado)

     Convocar a la presencialidad no es sólo ir a las aulas, implica una propuesta que apunta a modificar el formato educativo actual. El gobierno se prepara para imponer un plan estratégico que traza los objetivos de un nuevo formato de educación en los marcos de las leyes vigentes. El documento “A las aulas” es la hoja de ruta del nuevo plan de educación que promueve una “reorganización de la enseñanza” incluyendo el “trabajo multinivel dentro de la misma sección escolar y/o la revisión del concepto mismo de sección como única forma de agrupamiento escolar”, se impulsarán las aulas por proyectos modificando las actuales divisiones o grados por franja etaria.

    También plantea una reorganización institucional “que albergue las distintas formas de escolarización que van a coexistir durante buena parte de 2021: presencial, no presencial, combinada”. La convocatoria a las aulas ofrece una perspectiva desalentadora para el trabajo docente en un doble sentido porque, por un lado, la coexistencia de formas presenciales, no presenciales y combinadas implican la diversificación del trabajo docente en un cuadro de situación de por sí complejo, siendo que 9 de cada 10 docentes han hecho saber que “su trabajo aumentó tras la suspensión de clases presenciales” (documento “A las aulas”). Pero también, por otro lado, las y los docentes sufrieron otro tipo de expropiación, el de sus capacidades creativas ya que “más de la mitad de los y las docentes produjeron sus propios recursos didácticos: clases grabadas en audio o video, actividades o cuadernos para imprimir, copiar y resolver” (ídem). Las y los docentes desarrollaron los más variados recursos convirtiéndose, de a miles y sin retribución a cambio, en usuarios y creadores de propuestas pedagógicas cuyo usufructo es de alcance incierto, pero han estimulado el desarrollo de las aplicaciones y promovido innovaciones de las nuevas tecnologías que cotizan en la Bolsa.

     Las propuestas para el ciclo 2021 que se derivan del documento son un desprendimiento del Plan propuesto por el macrismo en 2017 denominado “Secundaria Federal 2030”, cuyos lineamientos fueron presentados en la Declaración de Purmamarca, en 2016. El actual oficialismo “va en una dirección que se quiere promover desde hace muchos años", como por ejemplo en la "integración de contenidos de distintas materias y disciplinas que vayan en dirección a un currículum menos clasificado” y la implementación de “otro régimen académico”, lo que dejará planteada la necesidad de modificar el estatuto docente (documento “A las Aulas”). Estamos ante la apropiación de la propuesta de política educativa que hiciera el gobierno de Macri a través del marco de organización de los aprendizajes para la educación obligatoria (MOA, resolución 330/17).

    La crisis humanitaria pretende ser aprovechada por el gobierno de turno para avanzar en un plan que subsuma, aún más, la educación al capital. El documento apunta a “introducir de manera acelerada modificaciones estructurales en la organización escolar, en el currículum y en la enseñanza” (documento “A las aulas”, p. 31). El gobierno aprovecha las condiciones generadas por la cuarentena para socavar las condiciones de trabajo de las y los docentes, también pretende sacar ventaja de esta situación al avanzar en la conformación de un curriculum educativo más generalista, abarcativo e inespecífico; implicando reducciones de materias y de saberes. Es el plan de acción de una política educativa de Estado.

 

Recursos y cuidado de la salud incompatibles con el capital

     Ante un crecimiento sostenido de contagios en el país y en el mundo, en el momento donde se toma mayor conocimiento del fracaso de las políticas de vacunación; el gobierno promueve la presencialidad en todos los niveles. Sin embargo, ciertas tareas propias de la educación pueden darse mediante herramientas que colaboran en la formación a distancia, como se desprende del relevamiento que hiciera el FMI, donde se puede observar que en los países de más altos ingresos un porcentaje mayor al 65% de su población logró tener clases mediante dispositivos de video (revista FyD, diciembre de 2020).

    La experiencia del mundo indica que las escuelas son, efectivamente, centros de contagio tal como lo hace saber el grupo de científicos del Reino Unido –Independent SAGE- dirigidos por el ex asesor científico principal del gobierno, David King. Este grupo reconoce que “la decisión, del 4 de enero, de cerrar las escuelas primarias y secundarias fue necesaria debido a fallas anteriores en la implementación de las medidas de seguridad de COVID, la consiguiente propagación de la infección en las escuelas y la contribución de las escuelas al rápido aumento de los niveles de infección en la comunidad en general." (https://www.independentsage.org/ comunicado del 8 de enero).

    Aún así, el esfuerzo por intentar reestablecer un orden en el régimen capitalista implica buscar cualquier alternativa para impulsar la presencia de los niños, niñas y adolescentes en las escuelas. Por eso, también en el Reino Unido, se convoca a reaperturas de las aulas de manera improvisada e irresponsable. El secretario de educación, Gavin Williamson, promueve el uso de pruebas de flujo lateral (o LFT) masivas en las escuelas con la finalidad de reabrirlas. Sin embargo, esto conlleva un inconveniente mayúsculo puesto que como informan los científicos “en una prueba piloto en Liverpool” este tipo de recurso pasó por alto “a casi un tercio de las personas asintomáticas que tenían altas cargas virales y estaban en mayor riesgo de propagar la enfermedad", a lo que se suma que, en el afán del ahorro presupuestario, se pretende que en las escuelas sean los docentes y las familias quienes realicen las muestras, lo que “podría reducir aún más su valor" de detección, debido a que las muestras no serían tomadas por expertos (The Guardian, 14 de enero).

    La presencialidad con protocolos, en el mundo y en Argentina, no garantiza el cuidado de los docentes ni de los y las estudiantes, quienes además (por políticas sanitarias) no están contemplados en el plan de vacunación. En cuanto al uso de tapabocas el protocolo marco nacional dice que “se recomienda el uso de tapabocas durante todo el tiempo que dure la permanencia en la escuela (tanto para alumnos/as como para personal docente y no docente)”, la recomendación del gobierno nacional deja a libre decisión de cada institución proveer o no los materiales adecuados. No se establece la obligatoriedad para que las instituciones brinden los recursos de cuidados básicos para la salud, algo que implicaría un aumento en el presupuesto educativo.

El régimen social se muestra incapaz de ofrecer un resguardo seguro a su fuerza de trabajo, a la que le imprime la obligación de ir a exponerse. En la Argentina y en el mundo el capitalismo se ha vuelto incompatible con la vida.

 

Las tareas que se desprenden

     En este cuadro de situación la educación a distancia o la educación virtual no puede rechazarse como resultado de un mero forzamiento o por ser un instrumento utilizado por el gran capital de los medios de comunicación y tecnológicos. Por el contrario, se debe establecer en los diversos niveles educativos una política de conjunto para garantizar aprendizajes, para sostener la enseñanza y cuidar la salud bajo el control de los trabajadores de la educación.

    Desde la docencia debemos convocar a un congreso de la educación de todos los niveles para trazar un plan de acción que contrarreste el ataque del capital y promueva una reorganización social sobre nuevas bases. Un plan que releve, en todos los niveles las condiciones de vivienda, laborales y de conexión de familias y estudiantes. Así como también la disponibilidad de dispositivos tecnológicos y espacios para el desarrollo de la enseñanza y el aprendizaje. Para que el Estado garantice los recursos y asuma los gastos vinculados al cuidado de la población, de los y las estudiantes y docentes.

    Cada docente y cada estudiante con su computadora para uso pedagógico; el relevamiento debe quedar en manos de los trabajadores de la educación impulsando la conformación de organizaciones barriales-vecinales que mediante espacios de asambleas debatan los problemas zonales fijando las prioridades. Un plan de licencias y suplencias pagas para todos aquellos docentes que tengan niños o familiares de riesgo a cargo y que repercutan para el sostenimiento de las clases. Por la estructuración de un plan de estudios que nazca a partir de las necesidades de la población y que promueva un conocimiento amplio de la cultura universal.

    Por comités de salud e higiene con capacidad de veto conformada por docentes, estudiantes y familias constituyendo organizaciones barriales, vecinales.

    Argentina posee de deuda externa su equivalente al PBI, es decir a toda la producción del país en un año, una deuda que deberá empezar a pagar en este 2021. El dinero debe destinarse a la salud y al desenvolvimiento de la vida, las exigencias y presiones que resultan del pago de la deuda externa implican una condena al desarrollo. Es necesario rechazar el pago de millones de dólares a quienes especulan en la Bolsa, sean capitales nacionales o extranjeros. Plata para salud, educación y viviendas.

    Pongamos de relieve nuestras condiciones esenciales: recursos garantizados para la educación a distancia, recursos sanitarios a cargo de los establecimientos educativos para preservar la salud de docentes, un salario igual al costo de la canasta familiar, por la reorganización del sistema educativo que centralice el financiamiento y elabore un plan de acción para satisfacer todas las necesidades educativas. Convoquemos a un congreso de la docencia para evaluar y establecer un plan de acción por estas reivindicaciones, de cara a un congreso del movimiento de todos los trabajadores.

 

16/01/2021

[Publicado originalmente en el sitio web ‘Política Obrera’.]

 


La Navidad de los juguetes

 [por Maurice Ravel]


[Maurice Ravel]


    Este es el primero de los cuatro poemas escritos por Maurice Ravel. Hasta donde sabemos, la presente es la primera versión que se traduce y difunde en castellano; está incluida en “Versiones son amores”, de Alberto a. Arias, quien ha versionado también los otros tres poemas conocidos del músico.

     “Le Nöel des jouets” es del año 1905, y fue dedicado a Jean Cruppi. Fue cantada por primera vez por Jane Bathori con Maurice Ravel al piano, en marzo de 1906. En este mismo año el músico hizo una versión para orquesta.

     Difundimos aquí el poema-canción acompañado por el enlace a Youtube de una de sus mejores ejecuciones: la de Elly Amelin en el canto y Dalton Baldwin en el piano.


[VER EL ENLACE AL VIDEO AL FINAL DEL POEMA]

 

  La Navidad de los juguetes

                                         a Mme. Jean Cruppi

  

El barnizado rebaño de las ovejas

rueda en tumulto hacia el pesebre;

los conejos tamboriles, ásperos y breves,

tapan los amargos mirlitones.

 

La Virgen María en miriñaque,

por siempre abiertos sus ojos de esmalte,

a la espera del bondadoso Invierno

vela a Jesús que se está meciendo.

 

Porque allí cerca debajo de un pino,

desde las sombras del bosque vigila

Belcebú, sigiloso perro sombrío,

que acecha al Niño de azúcar pinta.

 

Mas los bellos ángeles inalterables

suspendidos por hilos de metal,

desde lo alto del arbusto invernal

aseguran la paz de los establos.

 

Y sus vuelos de bermejo oropel,

con ruido simétrico cliqueando,

concuerdan con el ganado mecánico

y el prolongado balido: ¡Noel! ¡Noel! ¡Noel!

 

 

                 Maurice Ravel, 1905

                 (Versión al castellano Alberto a. Arias, 2019, para "Versiones son amores")

                 (Con la colaboración de Françoise Schwartz.)

 

 

Le Noël des jouets

 

 

Le troupeau  verni des moutons

Roule en tumulte vers la crêche,

Les lapins tambours, bref et rêches

Couvrent leurs aigres mirlitons.

 

Vierge Marie, en crinoline,

Ses yeux d’émail sans cesse ouverts,

En attendant Bonhomme hiver

Veille Jesús qui se dodine,

 

Car, près de là, sous un sapin,

Furtif, emmitouflé dans l’ombre

Du bois, Belzébuth, le chien sombre,

Guette l'Enfant de sucre peint.

 

Mais les beaux anges incassables

Suspendus par les files d’archal

Du haut de l’arbuste hiémal

Assurent la paix des étables.

 

Et leur vol de clinquant vermeil

Qui cliquette en bruits symétriques

S’accorde au bétail mécanique

Dont la voix grêle bêle: Noël! Noël! Noël!

 

 

                       Maurice Ravel, 1905.

 

 

EN YOUTUBE:

Elly Amelin (voz); Dalton Baldwin (piano).

https://www.youtube.com/watch?v=H2maC1NZ5-4