domingo, 3 de junio de 2007

La prostitución y la lucha contra el sistema prostituidor

[por Cecilia Heredia y Alberto a. Arias]


[ La invitación [en octubre de 2006] a pronunciarnos contra los proyectos para reglamentar la prostitución en la Ciudad de Buenos Aires, naturalmente nos llevó a un debate, del cual sacamos algunas conclusiones que les queremos hacer conocer. Queremos acercarles las reflexiones que elaboramos a partir de vuestro escrito. Disculpen si en algunos párrafos abundamos en conceptos que muchos conocen bien, pero sirven de marco a lo que afirmamos y, luego, proponemos. ]




     Adherimos a la declaración “Contra la legalización de la explotación sexual – Propuestas en la Legislatura porteña”, en tanto oposición a aceptar que el Estado capitalista siga perjudicando a las víctimas de prostitución.
     Las condiciones que posibilitan la explotación sexual son las mismas condiciones básicas que impone la ley capitalista: el trabajo de otros puede ser explotado y el Estado capitalista cumple la función de legislar y proteger el sistema de explotación y “libre comercio”, interviniendo sobre todo en los casos más violentos o extremos que atentan contra el sistema mismo. Así, hecha la ley hecha la trampa.
     Para conseguir medios de vida en un sistema capitalista, en el que cada ser nace desvalido y desprotegido (salvo si pertenece a las clases explotadoras aptas), todos los medios pueden considerarse “válidos” si cumplen con el objetivo de sobrevivencia. En el caso de la prostitución, el fantasma o falsa promesa de “plata fácil” y de “abundancia” en la miseria agrava las condiciones de explotación. Los responsables “directos” del envilecimiento y la miseria son el sistema imperante (la sociedad capitalista) y los gobernantes, es decir, las clases que gobiernan y sus representantes.
     Esta realidad de explotación (con los casos MÁS GRAVES Y URGENTES que necesitan INTERVENCION INMEDIATA, como es el caso de los niños de la calle, los niños prostituidos y/o explotados, los ancianos desvalidos y los que sobreviven en la miseria extrema) es inherente al sistema y ninguna ley de los parlamentos actuales, por progresista que se pretenda, es capaz de morigerar, mucho menos cambiar. Lo están demostrando día a día los “progresistas” que gobiernan, los “nacionales y populares” que pagan todas las falsas “deudas” a la banca internacional y que encima lo festejan subidos al balcón de la Bolsa neyorkina [Kirchner y sus "nac&pop"] dejando bien en claro que el sistema capitalista (y prostituidor) puede contar con ellos.
     Para cualquier cambio concreto se necesitan medidas de cambio concretas, incluso elementales, tales como:
     1– Para que cada persona PUEDA DEJAR DE SER “empleada” como PROSTITUTA, debe pasar a tener un trabajo digno con un sueldo digno. Si es necesario, debe ser capacitada durante el tiempo correspondiente percibiendo su salario.
     2– Para que cada persona hoy forzada a malvivir en un “CENTRO CLANDESTINO DE PROSTITUCIÓN” no sea trasladada a un “CENTRO LEGALIZADO DE PROSTITUCIÓN” es necesario que pueda acceder a una vivienda digna, a salud y educación gratuitos, sin ninguna intervención de mafias estatales, inmobiliarias, educacionales y del negocio de la salud (laboratorios, clínicas, etc).
     3– Que las mafias policiales, judiciales y políticas (inherentes al Estado capitalista) sean erradicadas e impedidas de cualquier posibilidad de ejercer su falsa “justicia”. Que los explotadores, tratantes, proxenetas, etc., sean detenidos, procesados y juzgados por tribunales elegidos y organizados por los trabajadores del país reunidos en asambleas.
     4– Proponer entre los trabajadores y los sectores explotados el debate amplio y crítico acerca de los “servicios sexuales remunerados” (sic) y de todas las formas de prostitución. (Nuestra posición es que la prostitución es una herramienta del oscurantismo religioso, del Estado capitalista y es una aliada sustancial de la esclavitud sexual propiciada por el modo imperante de familia monogámica.)
     Como queda claro, para lograr estos cambios, incluso elementales, es necesario acabar con las actuales condiciones que posibilitan la realidad que estamos padeciendo. Esto requiere un gobierno de los trabajadores y una revolución social, económica, política y cultural que realice las tareas adecuadas.


                                                                        (Buenos Aires, octubre de 2006)

                                                                         Cecilia Heredia, Alberto a. Arias