jueves, 21 de enero de 2021

EE.UU.: Hora cero de Biden-Kamala Harris

 [por Norberto Malaj]


[Washington militarizada en la asunción de Biden 2021.]

 

   La 46ª transmisión de mando presidencial en EE.UU., tras casi 250 años de vida constitucional, ocultó lo fundamental: la transición Trump-Biden muy lejos estuvo de ser pacífica y civilizada. Más bien, pareció digna de cualquiera de los países de América Latina con escasa o nula tradición democrática.

 

Biden debuta con un ´punto final´

     Cualquiera que examine los primeros anuncios y actos de Biden podrá advertir que entre el demócrata y el proto-fascista Trump hay menos ‘ruptura’ que entre el Gral. Bignone —el último representante de la dictadura videliana— y Alfonsín. Biden no promulgará siquiera un demagógico “Nunca más” frente a los atropellos de un Trump que según varios especialistas rozó las peores tradiciones del totalitarismo. Ruth Ben-Ghiat, una eminente historiadora y crítica cultural estadounidense, especializada en estudios sobre fascismo, dijo que “el ataque al Capitolio le recordó la ‘Marcha de Mussolini sobre Roma en 1922’ ”. Otro historiador, “Mikael Nilsson, afincado en Estocolmo, Suecia, especializado en Hitler y el nacionalsocialismo”, sostiene que lo que hizo Trump quince días atrás “es mucho más de lo que Hitler intentó hacer antes de lanzar su intento de golpe de Estado en Munich (ni siquiera en Berlín, claro)” (Haaretz, 20/1).

    Biden frente a todo esto actúa como el conservador Chamberlain y el radical socialista Daladier cuando el pacto de Munich: deja que la derecha se envalentone. Biden debuta con un virtual decreto de respeto a la “obediencia debida” de senadores y representantes a Trump, que violaron su única obligación constitucional (el respeto al orden institucional). A pesar de que más de 150 de ellos acompañaron la asonada golpista el 6 de enero, todos —incluidos sus cabecillas, Ted Cruz & Cía— fueron parte de la “fiesta de la democracia” en el mismo Capitolio. Alfonsín, al lado de todo esto, a pesar de que gobernó respetando toda la legislación dictada por la dictadura, parece ya un demócrata.

 

Tendencias fascistizantes - Imperialismo ‘recargado’

     Ciertamente, como informa Lauren Gambino, en The Guardian (20/1), entre “las (primeras) órdenes (de Biden), 17 de ellas, harán que EE.UU. se reincorpore al acuerdo climático de París. Habrá un nuevo mandato de uso de máscara en la propiedad federal y se dictará el fin de la prohibición de viajar a algunos países de mayoría musulmana. El presidente también revocará la declaración de emergencia de Trump que ayudó a financiar la construcción de un muro fronterizo con México” y está en estudio “una nueva oficina en la Casa Blanca para coordinar la respuesta al coronavirus y un esfuerzo por reincorporarse a la Organización Mundial de la Salud, de la que Trump se retiró tras acusarla de incompetencia” (ídem), cuando EE.UU. roza los 400 mil muertos —lo que ni los más ‘catastrofistas’ pronósticos habían vaticinado para esta fecha.

    Pero al lado de esta supuesta vuelta a la ‘normalidad’, Biden y su equipo ya anunciaron que reconocerán al gobierno fantoche de Guaidó en Venezuela; y que la eventual vuelta a las negociaciones con Irán se acordará con Israel —o sea, que se someterá al lobby sionista. Desde hace rato la derechización del partido republicano fue acompañada sistemáticamente por la de su ‘rival’ demócrata.

    Desde los comicios presidenciales de 2000 por lo menos, en que Bush hijo robó una elección presidencial al demócrata Al Gore (estos cedieron al matonaje republicano aceptando a los delegados republicanos al Colegio electoral por Florida —vía una imposición de la Corte) el régimen político norteamericano está sacudido por una tendencia abiertamente fascistizante. El partido demócrata y Biden, en particular, no sólo se han mostrado completamente incapaces frente a esto. La militarización policial en EE.UU. se inició bajo Clinton y fue reforzada por Obama-Biden. En materia de política exterior (frente a los grandes frentes de conflicto mundial: China, Medio Oriente, Venezuela y Cuba incluso), las diferencias entre unos y otros son en el mejor de los casos de matices —de modo general ha primado, incluso bajo Trump, una “política de estado” bipartidaria.

 

¿´Socialdemocratización´ del partido demócrata?

     La izquierda norteamericana que gira alrededor del partido demócrata se niega a considerar la hipótesis de un giro fascista en EE.UU. Ha alimentado sistemáticamente la ilusión, vía la candidatura presidencial de Sanders en 2016 y 2020, una especie de ‘socialdemocratización’ del partido demócrata, lo cual resultaría válido para enfrentar la ‘derechización’ del partido republicano.

    Del partido de Lincoln y el anti-esclavismo bajo la guerra de Secesión los republicanos han virado radicalmente. En los últimos treinta años, en particular, ese partido se ha transformado en el refugio de los sectores partidarios del renacer abierto del racismo (ahora no sólo contra negros y judíos, sino también musulmanes, asiáticos, etc.) y en el asiento del supremacismo fascistizante. El proteccionismo del MAGA —“hacer grande a América de nuevo”, por sus siglas en inglés— no es más que una variante imperialista.

    A su turno, los demócratas que en aquella guerra tenían su asiento especialmente en el sur esclavista fueron defensores de la “reconstrucción”; la que finalizada esa guerra funcionó como una virtual preservación de la esclavitud durante casi cien años más. Desde entonces, sin embargo, los demócratas viraron hacia posiciones ‘liberales’.

    Esto no significó de ninguna manera ‘menos’ imperialismo, al revés. El mayor intervencionismo en América Latina se dio siempre bajo gobiernos demócratas. Dos ejemplos bastan: a) Bahía de los Cochinos bajo Kennedy; b) “Braden o Perón” bajo Roosevelt. En EE.UU. no hay ninguna posibilidad de ‘socialdemocratización’ del partido demócrata, más bien lo contrario. El partido demócrata bajo el gobierno de Biden no será una vuelta al pasado. Que Biden se vea obligado a un cambio de frente no significa que se acabó el trumpismo. Los estados que el partido demócrata gobernó bajo Trump, entre ellos los más importantes, California y New York, son el epicentro de políticas de estado rabiosamente antidemocráticas.

    Las alas fascistizantes del imperialismo norteamericano sobresalen en el partido republicano pero tiene expresiones también en el partido demócrata. La caza de brujas que ya se ha lanzado contra Alexandria Ocasio-Cortez y otros representantes del ala izquierda de los demócratas lo prueban. Lejos de alimentar ilusiones en este partido imperialista, la tarea Nro. 1 de un núcleo marxista en EE.UU. debiera ser no solo delimitarse de éste sino estructurarse en el vasto movimiento de lucha que por abajo se desenvuelve en la clase obrera norteamericana y orientarla con independencia de las idas y vueltas de esa ala izquierda. Ésta no solo desprecia esa tendencia a la lucha de la clase obrera yanqui. AOC, que es de origen boricua, ni siquiera se ha pronunciado en defensa de un Puerto Rico independiente; menos aun contra el intervencionismo yanqui en Venezuela y Cuba (lo mismo vale para Sanders).

 

¿Adónde va Biden?

     El acto de asunción de Biden tuvo lugar en las mismas escalinatas del Capitolio de Washington que vio el ‘primer asalto al poder de Trump’, como el de Hitler 98 años atrás que recordó la historiadora citada. “Biden asumirá la presidencia en una ciudad que se asemeja a una zona de guerra” (The Guardian, citado), con una movilización militar —que como bien dijo el corresponsal de La Nación en Washington— supera las tropas que EE.UU. tiene acantonadas en Afganistán e Irak, en conjunto. De modo que “la celebración carece de la pompa que acompaña a una toma de posesión presidencial”. No es cierto que los motivos para esto sean que “el comité de planificación inaugural instó a los estadounidenses a quedarse en casa en un esfuerzo por minimizar el riesgo de propagación del coronavirus” (The Guardian, ídem).

    Biden y el imperialismo norteamericano están aterrorizados con que las masas trabajadoras entren en acción. Detrás de la lucha contra el golpismo —que Biden evitó—, como la que recorrió EE.UU. desde el asesinato criminal de George Floyd y puso en el orden del día el combate contra el racismo y la defensa de los derechos civiles, Biden tiene el desafío de impedir que esta lucha empalme con la explosiva lucha de clases de EE.UU.

    Contra todo lo que dice la izquierda democratizante, el régimen político norteamericano está virtualmente quebrado. Trump fue “suspendido indefinidamente de Twitter, perdió su megáfono más poderoso”, pero nada dice que no “tenga un regreso político en 2024”, lo cual depende “del resultado de su juicio político en el Senado, que seguirá adelante en los primeros días de su pospresidencia” (ídem).

    ¿Está en condiciones el gran capital norteamericano de enfrentar la gangrena fascista o ésta se agravará? A la asunción de Biden asistieron los Clinton, Bush y Obama en un gesto de “unidad nacional”. “Biden prestará juramento junto a Kamala Harris, quien hará historia como la primera mujer, la primera negra y la primera vicepresidenta asiático-estadounidense del país. Ella será juramentada por la jueza Sonia Sotomayor, la primera miembro hispana y latina de la corte suprema” (ídem).

    La bambalinas esconden que en los “disturbios en el Capitolio de EE. UU.: La policía tiene una larga historia de ayudar a neonazis y extremistas” (Sam Levin, en The Guardian, 16/1). Un día antes y en el mismo medio, Stephanie Kirchgaessner, revelaba que “los multimillonarios respaldaron a los republicanos que buscaban revertir los resultados de las elecciones estadounidenses”.

 

(20 enero 2021)

 


sábado, 16 de enero de 2021

Encarnación Ezcurra, Evita, Cristina

[por Norberto Malaj]



 

     La ‘izquierda’ peronista abrevó siempre en aguas turbias del más rancio revisionismo derechista (y hasta filo-fascista). José María Rosa y Leopoldo Lugones fueron sus verdaderos próceres, aunque prefiera esa izquierda nacionalista vestirse tras los oropeles de Rodolfo Puiggros, Eduardo Astesano y Juan José Real, todos ex stalinistas devenidos revisionistas de cuño ‘progre’.

    Fue siempre muy forzado encontrarle virtudes nacionales a los adalides del nacionalismo argentino, a Rosas, Roca y Perón. En particular, atento al carácter ya no tanto de militares de todos ellos sino especialmente a sus gestas sangrientas contra nuestros pueblos originarios, por un lado; como de sostenes de regímenes represivos y semi-totalitarios. Por supuesto, que los liberales que tienen a Rivadavia, Sarmiento y Mitre de paladines no tienen mejor suerte. Ni qué decir sobre los ‘inmaculados’ Belgrano, San Martín o Hipólito Yrigoyen, los cuales reivindicados unánimemente cada cual pinta a piaccere.

    Un joven stalinista, llamado Fernando Nadra (quien se destacó luego como dirigente del PC bajo la dictadura, fue adalid de la “autocrítica” de ese partido, dirigente del Frente del Pueblo y finalmente murió defendiendo a Carlos Menem) debutó en los años 50 con un panegírico en el sesquicentenario de la muerte de San Martín reivindicándolo como un liberal revolucionario y saludando su lucha contra el “anarquista” Artigas. Los rosistas de todo pelaje siempre se jactaron de lo falso de esa adscripción de San Martín al ‘liberalismo’. Nuestro promonárquico (igual que Manuel Belgrano) “padre de la patria” le legó su icónico sable al “restaurador de las leyes” demostrando que fue un hombre de “orden” en todo sentido.

    Argentina jamás tuvo “padres fundadores” de la talla de los norteamericanos y ni siquiera un Napoleón (no es éste el lugar para tratar las tachas de estos, que obviamente tienen).

    A la condición semicolonial de la Argentina corresponden —salvo escasas excepciones como la del ya citado ‘oriental’, Moreno o Castelli— próceres deslucidos y hasta mediocres. Digamos tan solo que el ‘panquequismo’ de la politiquería argentina moderna viene desde tiempos inmediatos post-coloniales —lo demuestra el giro copernicano de Monteagudo o del mismísimo hermano de Mariano Moreno (Manuel), quien luego de revestir en las filas de los revolucionarios de Mayo junto a los otros dos se pasó tempranamente con armas y bagajes al rosismo después.

    Concluyamos esta introducción diciendo que no es difícil comprender por qué los primeros socialistas de nuestras pampas, desde José Ingenieros, tuvieron más simpatías con Sarmiento y Rivadavia que con Rosas —esto no justifica la adscripción del viejo PS y el PC a la versión mitrista de nuestra historia. Digamos tan solo que es más fácil para un socialista encontrar puntos de simpatía con liberales a lo Sarmiento o Rivadavia que con cualquiera de los del otro bando —en materia de entreguismo los primeros quizá sobresalen (de ninguna manera porque los otros se hayan opuesto al desarrollo oligárquico y pro-inglés). Rosas se rodeó de “orilleros”, entre otras cosas, para mejor golpear a las tribus de originarios que poblaban la pampa húmeda. De este modo forjó como nadie a la clase terrateniente junto a su primo Anchorena, el patriarca de los garcas de la Sociedad Rural de los Martínez de Hoz & Cía. En materia de defensa de derechos, de liberalismo republicano y anticlericalismo, los dos citados están en las antípodas de los otros, aunque ninguno de ellos se acerque a la talla del mexicano Benito Juárez.

 

    ¿A qué viene este introito? A un nuevo ‘descubrimiento’ que la  llamada ‘izquierda’ peronista acaba de hacer en defensa de la tríada Rosas – Roca - Perón.

    Página/12 acaba de publicar un artículo cuyo título es: “Encarnación Ezcurra, la Eva Perón del siglo XIX”. La esposa de Rosas, oriunda de una de las familias de abolengo más importantes del ex Virreinato, según Cristian Vitale —autor del texto— encarnaría “una especie de feminismo visceral, instintivo, bastante exótico para una época en que el ideal de mujer era ser ‘el ángel del hogar’ ”. Que Encarnación haya sido una acérrima partidaria de la Mazorca, tan temible como su esposo, no le merece al ‘historiador’ ningún comentario.

    Curioso feminismo el de Encarnación, quien permitió que su marido mantuviera otra mujer en su propia casa, una ‘bastarda’ con la que tuvo otros cinco hijos, los cuales Rosas jamás reconoció. ¿Qué dirán de esto las militantes feministas K?

    Entre Encarnación Ezcurra, partidaria de la primera organización para-militar de la historia nacional, y Juana Azurduy  —la comandate guerrillera de las republiquetas del Alto Perú— hay un abismo. Una luchó por la independencia nacional y la libertad de todo el ex virreinato, fue traicionada por el Directorio y abandonada por todos los gobiernos ‘patrios’ de la Argentina y Bolivia que la dejaron morir en la más absoluta miseria a los 80 años (1860). ¿Se puede amalgamar a Juana con Encarnación? ¿No es como juntar agua con aceite?

    “Hete aquí un punto central: pocas diferencias hay entre Encarnación y Eva Perón, más allá de la cuestión contrafáctica y las obvias diferencias de origen social. Una y otra enfrentaron a sus hombres, tanto como los amaron al punto de dar la vida por ello” —dice Cristian Vitale. Se debe coincidir por lo menos en una cuestión: Encarnación y Evita no fueron de ninguna manera lo que hoy llamaríamos feministas: Evita se opuso toda la vida al derecho al aborto y ni remotamente insinuó luchar por derechos igualitarios para el hombre y la mujer o por el derecho al divorcio (la derecha peronista y clerical se sirvió ahora de la figura de Evita para atacar a los “verdes” del FdT).

    Sin embargo, hay un contraste mayúsculo entre los ataques de Evita a la oligarquía —los cuales ciertamente nunca trascendieron un carácter demagógico— con la acción en sentido absolutamente contrario de Encarnación. Que Perón se haya aprovechado —¡y cómo!— de la figura de Evita no habilita en absoluto a sostener que (sic) “Evita (como Encarnación) enfrentaron a sus hombres”. Al contrario, Perón la doblegó siempre y la expresión más contundente de ello fue la imposición que (por mandato militar) llevó al “renunciamiento” de Evita a la vicepresidencia el 31 de agosto de 1951.

    “¿Acaso no fue ese cáncer de útero que mató a Eva el resultado de su incansable lucha por la patria liberada y por Perón?; ¿acaso la parálisis que apagó a Encarnación no tuvo entre sus causas los golpes traidores y extranjerizantes que atacaron a Rosas apenas asumió su segundo mandato o de su afiebrada lucha por defender los intereses de la Confederación Argentina que, en ese contexto en que unitarios y liberales se aliaban a franceses, brasileños e ingleses para dominar el Río de la Plata, eran los del pueblo argentino?” —sigue la ‘farolera’ de Vitale. La historia es una disciplina científica que, efectivamente, se hace y rehace una y otra vez a la luz de nuevas investigaciones y la historia presente. Lo de Cristian Vitale, sin embargo, es un dislate que salvando las distancias pareciera apuntar a justificar la defensa a pie juntillas del ex vicepresidente K, Amado Boudou, por Página/12, a quien la izquierda peronista esgrime como un ‘perseguido’ por haber sido supuestamente un adalid de la lucha contra la privatización de las jubilaciones. Un completo disparate desde el momento en que Boudou, como Massa, Néstor y CFK fueron partidarios acérrimos de esa medida del menemato (del que todos formaron parte). Cuando metieron mano en las AFJP lo fue por necesidad, no por virtud.

    ¿Por qué el ‘afiebrado luchador’ Rosas encontró refugio y hogar en Inglaterra si fue un combatiente anti-inglés? Bonaparte, que efectivamente combatió a Inglaterra, no tuvo esa suerte: al contrario, Inglaterra lo envió preso a la isla de Santa Elena donde murió seis años después. Rosas vivió veinticinco años de exilio en forma placentera en Southampton.

    Las gestas ‘antiimperialistas’ de nuestras clases dominantes, desde Rosas en adelante, sirvieron a apuntalar no un desarrollo autónomo y la pujanza del país, sino una acumulación capitalista parasitaria —subordinada al capital imperialista que estranguló, vía el desarrollo oligárquico, todo desenvolvimiento de un mercado interno y la industrialización del país. Rosas fue quien más hizo por el estrangulamiento del Paraguay independiente. El ‘antiimperialista’ Rosas cerró filas con Mitre y Sarmiento en la guerra de la Triple Infamia contra el Paraguay de Solano López.

    “¿Por qué traerla al presente (a Encarnación)” —se pregunta Página/12? ‘Hete aquí’ al charlatán Vitale: Encarnación habría sido una “caudilla” (sic) que “le cuidaba las espaldas a su marido, advirtiéndolo de los traidores del partido; de los que estaban con él ‘solo por interés’; de los ‘cajetillas’ y ‘ricachones’ que ‘no valían un Perú’ porque eran unos ‘cagados’ ”. A Encarnación le habría pasado… lo que a Cristina: “lo que decían de ella en turbias maniobras mediáticas parecidas a las que sufrirían luego Eva y Cristina, los pasquines de la época. ‘Borracha’ y ‘licenciosa’ era lo menos”.

    A los cuestionamientos a CFK no se los puede equiparar con las campañas oligárquicas contra Eva por sus filosos ataques. El relevo de Néstor por Cristina en 2007 recibió el elogio unánime de la clase capitalista. Sólo después de la crisis por la 125 comenzaron los choques entre los ‘destituyentes’ de la Sosicedad Rural Argentina y el primer gobierno de CFK que sostuvo toda un ala del gran capital agro-industrial y financiero (por eso ganó las elecciones de 2011). CFK, La Cámpora y todo el gobierno de los FF acaba de demostrar que no aprendieron nada de la crisis de 2008 con el campo: acaban de arrugar en toda la línea con la Mesa de Enlace, ¡ni fueron capaces de defender una medida de restricción de las exportaciones de maíz por dos meses! Lástima que Grabois es inconsecuente, si no habría que coincidir con lo que dijo: “entréguenle la llave del ministerio (de Agricultura) a Etchevehere”.

    En todo caso, vale para Rosas lo mismo que le podría ocurrir al gobierno de los FF: la clase capitalista se deshace de sus gobernantes cuando estos ya no cumplen la función para la cual fueron ungidos… esto por la misma clase capitalista que los enancó. La analogía vale relativamente con Perón también, particularmente con su gobierno de 1946/55, con una importante salvedad: Perón subió en 1946 en medio de una crisis nacional sin precedentes a caballo de una movilización popular antiimperialista bajo control de una dirección nacionalista. Una vez en el gobierno, Perón dio todo tipo de garantías de que su gobierno jamás abriría las compuertas a una revolución.

 

(12 enero 2021)

 


Navidad en el albergue nocturno (1º enero de 1912)

 [por Rosa Luxemburg]


['Homeless' en Los Ángeles, EE.UU., 2019.]

 

    Un acontecimiento acaba de turbar cruelmente la atmósfera de fiesta de nuestra capital. Las almas piadosas venían justamente de entonar el bello canto tradicional: “Navidad de alegría, Navidad de misericordia”, cuando se esparció bruscamente la noticia de que un envenenamiento en masa acababa de producirse en el asilo municipal. Las víctimas eran de diversas edades: Joseph Geihe, empleado, 21 años, Karl Melchior, obrero, de 47 años, Lucien Scieptarorski, 65 años, etc. Cada día se traían nuevas listas de hombres sin casa, victimas del envenenamiento: La muerte los aniquilaba por todas partes: en el albergue, en la prisión, en el “chaufoir” público o simplemente en la calle, acurrucados; en cualquier rincón. Antes de que el año nuevo naciera, al son de las campanas, 150 se retorcían presas de los espantos de la agonía y 70 estaban ya muertos.
    Durante muchos días, el modesto edificio de la calle de Froebel, que todo el mundo rehuye en tiempo ordinario, concentra hoy sobre él, la atención general. ¿Cuál era, pues, la causa de este envenenamiento en masa? ¿Se trataba de una epidemia o de un envenenamiento provocado por el consumo de alimentos en descomposición? La policía se dio prisa en restablecer la tranquilidad de la población: no se trataba de una enfermedad contagiosa. Mejor dicho, el hecho no presentaba ningún peligro para la población decente, para las gentes distinguidas de la ciudad. La muerte no tocaba más que a los “habituales” del albergue nocturbo, los cuales, con ocasión de la fiesta de Navidad, habían ingerido quizás arenques podridos o aguardiente infectado, “a trés bon marché”.

    Pero aquellas gentes ¿dónde habían conseguido esos arenques podridos? ¿Los habían comprado a un vendedor ambulante de pescado? ¿o los habían recogido de los montones de basura en el mercado? Esta ultima hipótesis fue inmediatamente descartada por la perfecta razón de que los desechos de los mercados no constituyen, como podrían imaginarlo las gentes superficiales e ignorantes de las sanas medidas de la economía política, un bien sin dueño, del cual el primer vagabundo que llega se puede apropiar. Estos desechos son reunidos y vendidos a grandes empresas que les utilizan para el engorde de puercos. Se les desinfecta y muele cuidadosamente. Así sirven de alimento a ese rebaño. Individuos vigilantes de la policía de mercados velan para evitar que los vagabundos vengan a tomar sin autorización el alimento de los puercos, para comerlo así sin desinfectar y sin moler. Era, pues, imposible que, como algunos lo imaginan fácilmente, los sin hogar hubieran recogido su festín de Navidad entre los montones de basura de los mercados. Es por esto que la policía buscaba al vendedor ambulante o al pulpero que ha vendido el aguardiente infectado, que determinó el envenenamiento.
    En el transcurso de toda su existencia Joseph Gehie, Karl Melchior, Lucien Sciptoriopski, no habían nunca atraído la atención tanto como hoy. Pensad, pues, ¡qué gran felicidad! Verdaderas juntas médicas secretas investigan prolijamente entre los intestinos de las recientes víctimas. El contenido de sus estómagos, para los cual el mundo había hasta entonces manifestado tanta indiferencia, es ahora examinado minuciosamente y hecho objeto de apasionadas discusiones en toda la prensa.

    Los periódicos anuncian que diez médicos se ocupan en preparar líquidos para el cultivo del bacilo, causa del envenenamiento. Por otro lado, se quiere saber de una manera precisa dónde cayó enfermo cada uno de esos miserables; ¿en el “Tenil” donde la policía encontró muerto a alguno de ellos o en el albergue donde otros habían pasado la noche? Lucien Sciptierovski ha devenido súbitamente una importante personalidad y si él no fuera en este momento cadáver de olor nauseabundo sobre la mesa de disección seguramente tendría para inflarse de vanidad.
    Sí, el emperador mismo —¡que Dios sea bendito!— está preservado de peores males gracias al aumento, debido a la carestía de la vida, de tres millones de marcos que le ha sido aumentado sobre su pensión civil que recibe en calidad de rey de Prusia— el emperador mismo pide insistentemente noticias de los envenenados en tratamiento en el hospital municipal. Y su alta esposa, femenina y enternecidamente, hace por intermedio del chamberlán Von Winterfeld, expresiones de su condolencia a M. Kirschner, burgomaestre de la ciudad. En verdad, el burgomaestre Kirschner no ha comido arenque a pesar de su precio barato y se encuentra él con su familia en excelente estado de salud.

    No es tampoco que nosotros lo creamos parientes o relacionados de Joseph Gehie o de Lucien Sciptierovski. Pero después de todo ¿a quién el señor chamberlán Von Winterfeld debía expresar las condolencias de la emperatriz? No podía evidentemente trasmitir las salutaciones de su majestad a los pedazos de cadáveres que yacían sobre la mesa de disección. En cuanto a los miembros de sus familias ¿hay alguien que los conocía? ¿Quién podría encontrarlos en los cabarets, los hospicios, los barrios de prostitución, y también en las fábricas y las minas donde ellos trabajan? Es por esto que el burgomaestre M. Kirschner acepta en nombre de ellos la condolencia de la emperatriz, lo que le da fuerzas para hacer suyo y soportar estoicamente el dolor de los parientes de Scipterovski.

    Ante la catástrofe, en el Concejo Municipal se dieron pruebas de sangre fría viril. Se hicieron investigaciones. Se redactaron comunicados cubriendo de tinta innumerables hojas de papel. Pero a pesar de todo, se tuvo siempre la cabeza en alto y contra los espantos de la agonía en los cuales otros hombres se debatían, se permaneció con valor, con el estoicismo de los héroes antiguos delante de su propia muerte.

    Y sin embargo, todo este suceso ha puesto una nota discordante en la vida pública. Ordinariamente nuestra sociedad conserva cierto carácter de decencia exterior. Ella observa la honorabilidad, el orden y buenas costumbres. Aunque es cierto que hay lagunas o imperfecciones en la estructura y en la vida del Estado.

    ¿Pero después de todo, el Sol no tiene también manchas? ¿Y existe aqui abajo alguna cosa perfecta? Los obreros mismos, los mejor pagados, los que están organizados, creen de buena voluntad que la existencia y la lucha del proletariado se prosiguen dentro de límites de honorabilidad y compostura. ¿La gris teoría del pauperismo no ha sido refutada [1] ya desde hace tiempo? Todos saben bien que existen albergues nocturnos, mendigos, prostitutas, “soplones”, criminales y otros elementos de perturbación. Pero se piensa ordinariamente en esto, como en algo lejano, existente en alguna parte, fuera de la sociedad propiamente dicha.
    Entre la clase obrera exitosa y sus parias hay un muro y se piensa raramente en los miserables que se arrastran en el fango, al otro lado del muro. Pero, bruscamente algo sucede, algo que hace el mismo efecto que si en un círculo de gentes bien educadas, amables y distinguidas, alguien descubriera por casualidad en medio de los muebles caros y preciosos, las huellas de un crimen abominable o de innobles corrupciones. Bruscamente un horrible espectro arranca a nuestra sociedad su máscara de compostura y enseña a todos que su honorabilidad no es más que el atavío de una prostituta. Bruscamente aparece que la superficie brillante de la civilización cubre un abismo de miseria, de sufrimiento y de barbarie. Verdaderos cuadros del infierno surgen, en los que se ven criaturas humanas hurgando en los montones de basura. Buscan los desechos, retorciéndose en los espantos de la agonía. Se les ve así, agonizando, enviar a lo alto su aliento pestilente.
    Y el muro que nos separa de este siniestro reinado de sombras aparece bruscamente como un simple decorado de papel pintado.

    ¿Quienes son, pues, estos habituales del albergue nocturno de noche envenenados por el arenque podrido o el aguardiente infecto? Un dependiente de almacén, un albañil, un tornero, un herrero, obreros, obreros, nada más que obreros. ¿Y quiénes son, pues, los sin nombre que no han podido ser identificados por la policía? Obreros, siempre; nada más que obreros, en todo caso que lo eran todavía no hace mucho tiempo.

    Y, en verdad, ningún obrero está garantizado contra el albergue o el arenque podrido. Ahora, vigoroso todavía, honesto, trabajador, ¿qué devendrá mañana si ya no es recibido en su trabajo porque habrá alcanzado el fatal limite de edad o que su patrón lo declara inutilizable? ¿Qué será de esta vida si mañana cae víctima de un accidente que hará de él un inválido, un mendigo? Se dice: las gentes fracasadas en el asilo no son en su mayor parte más que débiles y malos elementos. Viejos con el espíritu débil, jóvenes criminales, de atenuada responsabilidad. Es posible, pero los malos elementos de las clases superiores no caen nunca en el asilo sino que son enviados a los sanatorios o al servicio de las colonias donde puedan satisfacer con toda libertad sus perversos instintos en las personas de los negros y de las negras.

    Ancianas reinas y grandes duquesas que devienen idiotas, pasan el resto de sus días en palacios suntuosos rodeadas de una muchedumbre de respetuosos servidores. Para el viejo sultán Abdul Amid [2], ese monstruo abyecto que tiene sobre su conciencia millares y millares de víctimas y al que sus crímenes innumerables y sus excesos sexuales han entorpecido los sentidos, la sociedad le tiene preparado como último refugio una espléndida villa con magníficos jardines, cocineros de primer orden y un harem de florecientes mujeres, de doce años para arriba.
    Para el joven criminal Prosper Eherenberg [3], una prisión confortable, bien provista de champagne, de ostras y una gozosa sociedad. Para los príncipes de instintos pervertidos, la indulgencia de los tribunales, la abnegación de esposas heroicas y la dulce consolación de una buena y añeja cara. Para Madame d’Kbestein, esa mujer que tiene sobre su conciencia un asesinato y un suicidio, una confortable existencia burguesa, “toilettes” de seda y la simpatía discreta de la sociedad.

    Pero los viejos proletarios en los que la edad y el trabajo y las privaciones han debilitado el espíritu revientan como los perros de Constantinopla, en las calles, contra los muros, en los albergues, en el arroyo, y al lado de ellos se encuentra por todo rastro una cola de arenque podrido. La división de clases se evidencia duramente, cruelmente, hasta en la locura, hasta en el crimen, hasta en la muerte. Para la canalla aristocrática, la indulgencia de la sociedad y los goces hasta el último sorbo. Para el Lázaro proletario, el hambre y el bacilo de la muerte en los montones de basura.

    Es así como se acaba la existencia reservada al proletario en la sociedad capitalista. Apenas sale de la infancia, comienza como un obrero trabajador y honesto en el infierno del servicio paciente y cotidiano en provecho del capital. Por millones y decenas de millones el oro aumenta en las granjas de los capitalistas. Una ola de riquezas cada vez más formidable se vierte en los bancos y las bolsas de valores. En tanto, los obreros en masas grises y silenciosas atraviesan cada tarde las puertas de las fábricas y de las construcciones, como las pasaron en las mañanas, miserables, vagabundos, comerciantes eternos que llevan al mercado el solo bien que poseen: su propia piel.

    De tiempo en tiempo un accidente, una tempestad los barre por docenas y por centenas de la superficie de la tierra. Una pequeña nota en el periódico, una cifra redonda, hacen conocer brevemente el accidente. Al cabo de algunos días se les ha olvidado y su último suspiro es apagado por el jadeo y las trepidaciones de la carrera de las ganancias. Al cabo de algunos días, nuevas decenas y centenas, ocupan sus plazas bajo el yugo del capital.

    De tiempo en tiempo sobreviene una crisis, semanas y semanas de paro, de lucha desesperada con el hambre. Siempre el obrero consigue prenderse a cierta capa infernal, feliz de poder tender de nuevo sus músculos y sus nervios al servicio del capital.

    Sin embargo, las fuerzas disminuyen poco a poco. Un prolongado desempleo, un accidente, la vejez que se aproxima y, he aquí al obrero obligado a aceptar la primera ocupación que encuentra. Pierde su profesión y cae cada vez más bajo irremediablemente. El azar domina bien pronto su existencia, la desgracia lo persigue. El encarecimiento de la vida lo golpea cada vez más duramente. La energía constantemente desplegada en la lucha por el pan, se relaja al fin; su amor propio desaparece y he aquí que bien pronto se encuentra ante la puerta del albergue nocturno y en otros casos ante la de la prisión.

    Todos los años millares de existencias proletarias se desplazan así, fuera de las condiciones de existencia normal de la clase obrera, hacia los bajos fondos de la miseria. Se desplazan insensiblemente como un sedimento sobre el suelo de la sociedad, igual que las sustancias inútiles, de los que el capital no puede sacar ya ningún provecho: igual que un montón de basura humana que la sociedad barre despiadadamente con su escoba de hierro. El brazo de la ley, el hambre y el frío, sirven aquí a su entera comodidad. Y en fin de cuentas, la sociedad burguesa tiende a sus parias la copa de veneno que les hace desaparecer.

    ”El Sistema de asistencia pública, dice Carlos Marx en El capital, está representado por la casa de inválidos, los obreros ocupados y el peso muerto de los ‘sin trabajo’. En la sociedad capitalista el trabajo está indisolublemente ligado al paro [desocupación]. El uno y el otro son igualmente necesarios; el uno y el otro son una condición indispensable de la producción capitalista. Más son considerables la riqueza social, el capital explotador, las dimensiones y velocidad de su crecimiento y por consecuencia la plenitud absoluta del proletariado y del rendimiento de su trabajo y más considerable es la capa de sus desocupados. Pues, mientras más considerable es esta capa de desocupados en relación a la masa de obreros ocupados, es más considerable también la capa de obreros en excedente, reducidos a la miseria. Es ésta una ley ineluctable de la producción capitalista”.

    Lucien Scipterovski que muere en la calle envenenado por un arenque podrido pertenece al proletariado, tanto como el obrero calificado que recibe buen salario, compra cartas postales de nuevo año y una dorada cadena de reloj. El albergue nocturno y el Deutsche Bank [4] son los dos pivotes básicos de esta sociedad. Y el festín de arenque podrido y de aguardiente envenenada en el albergue nocturno es el reverso invisible del caviar y del champagne en la mesa del millonario. Esos señores de los consejos médicos secretos pueden seguir buscando durante mucho tiempo al micróscopio el germen de muerte en los intestinos de los envenenados y preparar líquidos de cultivo. Sin embargo, el verdadero bacilo del que han muerto las gentes del asilo municipal es la sociedad capitalista y sus productos.

    Cada día los sin albergue mueren de hambre y de frío. Nadie se ocupa de ellos, a no ser el parte cotidiano de la policía. La emoción provocada esta vez por este fenómeno banal se explica únicamente por su carácter de masa. Pues no es más que cuando su miseria adquiere un carácter de masa que el proletario puede obligar a la sociedad e interesarse por él. Hasta el mismo sin hogar en su aspecto de masa simplemente tomada como un montón de cadáveres adquiere una verdadera importancia pública.

    En tiempo ordinario, un cadáver es una cosa muda, sin la menor importancia. Pero hay cadáveres que hablan más alto que las trompetas e iluminan aventajando a las antorchas. Después del combate de barricadas del 18 de marzo de 1848, las obreros de Berlín levantando en sus brazos los cadáveres de sus hermanos caídos en el curso de la lucha, los condujeron delante del palacio real y obligaron al despotismo a saludar a sus víctimas. Ahora se trata de levantar los cadáveres de los sin hogar de Berlín envenenados, que son la carne de nuestra carne, y la sangre de nuestra sangre, sobre nuestros brazos, nuestros millones de brazos proletarios y de conducirlos en la nueva jornada de lucha que se abre ante nosotros, a los gritos mil veces repetidos: “¡Abajo el orden social infame que engendra tales horrores!”.

(1º de enero de 1912)


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NOTAS

[1] Expresión tomada del Fausto de Goethe.

[2] Abdul-Hamid II (1842-1918), 34º sultán otomano. Fue asesinado por los armenios. Destronado en 1909 por Mehmet V.

[3] Los Eherenberg eran una vieja familia principesca alemana.

[4] El más importante banco en la Alemania del emperador Guillermo II. Financió, por ejemplo, la construcción del Ferrocarril de Bagdad.

 

Nota del Espacio Rosa Luxemburg:

Publicado en: Die Gleichheit [La igualdad]. Stuttgart, 22. Año 1912, Num. 8, pp. 113-115.

Este texto aun está en espera de su cotejo con la versión en alemán. Hemos corregido erratas y errores elementales que se observaban en esta versión en castellano, una de las que disponemos.


domingo, 10 de enero de 2021

Decantación de 'prólogos' para 'Gretel, un día un año'

  [por Alberto a. Arias]


[Esta obra fue publicada en noviembre de 2019 y aún está a la espera de su presentación pública. Damos aquí sus "prólogos".]


[Portada de la coedición en Araucaria editora - Signos del Topo.]



 “... Así que [para Bernstein] el ‘trabajo social’ de Marx y la ‘utilidad abstracta’ de Menger han dado un salto: todo es mera abstracción. Bernstein ha olvidado por completo que la abstracción de Marx no es un invento sino un descubrimiento, que no existe en la cabeza de Marx sino en la economía mercantil, que no conduce hacia una existencia social imaginaria sino real, una realidad tan real que puede ser cortada y martillada, pesada y acuñada. El trabajo humano abstracto descubierto por Marx, en su forma desarrollada, no es otra cosa que… dinero. Y este es uno de los descubrimientos económicos más geniales de Marx, mientras que para toda la economía burguesa, desde el primer mercantilista hasta el último clásico, la naturaleza mística del dinero ha seguido siendo un libro cerrado con siete sellos.”

                                           Rosa Luxemburg, en «¿Reforma social o Revolución?»

 

1. (Una sucinta descripción)


    Relato dramático, narración poética, «guión para otros sueños», he aquí el primer libro de Las Soleónicas, ciclo en marcha que tiene como agonista omnímodo y ubicuo a Soleón, El-Que-Circula, Papel-Moneda y Supremo-Mercader (en la presente obra: Soleón I, criatura que reconoce su filiación en el incomparable Ubú de Alfred Jarry).

    En las páginas de Gretel, un día un año se exponen las peripecias exteriores-interiores de una adolescente cuyo hermano poeta (Gregorio) avanza hacia la locura o la muerte. El amor (Carmelo), lo lúdico-poético (Lucinda) y –cuando estas fuentes liberadoras desaparecen– el mundo alternativo donde se resuelve la violencia del medio familiar opresivo, son la sustancia de esta «aventura», con culminación en la parodia de Juicio a que Gretel es sometida por Soleón y cofradía.

    La carga de sobrerrealidad o, si se quiere, de reflexión sensual que la protagonista necesita para poder vivir una realidad completa (comprensión, juego, lucha) la aporta la irrupción, hacia la mitad de la obra, de personajes tales como el Ratón de la Almohada, el Hoambre y el Objeto Destino Lleno, entre otros.

    Se puede afirmar, entonces, que Gretel, un día un año exalta ese momento patético de la concurrencia de lo individual y lo colectivo en un solo ser y su circunstancia, «momento» que dura toda una vida.

 

                                                                                                                          (c. 1990)

 

2. (“Una realidad distinta”)

 

    Una noche le dije en broma a Cecilia Heredia: ‘‘Voy a escribir una obra por encargo. ¿Qué querés que escriba?’’.

    Pasada la primera sorpresa, su respuesta fue: ‘‘Un cuento. Algo así como la obra ‘Caín’ de Lord Byron. Un cuento fantástico. Que hable de personajes reales pero de una realidad diferente. Un cuento que hable de una realidad distinta’’.

    Estaba naciendo el día 16 de noviembre de 1984. Gretel empezaba a escribirse.

    He ahí el origen de Gretel, un día un año.

 

                                                                                                                          (c. 2000)

 

3. (Contra el Gran Crimen)

 

    Escribí Gretel... entre 1985 y 1987, y en los años posteriores se benefició con leves correcciones elementales. Su larga cuarentena no le ha quitado actualidad. Al contrario: en mi opinión, miradas actuales podrían ir más lejos dentro de esta obra y, por qué no, situarla hoy más justamente en el mundo circundante.

    La vida social (en todas partes) no ha dejado de dar sorpresas. Mucho más que turbulencia, resistencia, heroísmo, despiste y esperanza es lo que ha pasado por los puentes y rutas de tantas ciudades atestadas de ‘‘cultura y civilización’’. Pero tampoco se ha detenido el crecimiento de la miseria, el hambre, la desocupación, la hipocresía y la compraventa a gran escala de seres y cosas, destinos y devenires. El capitalismo, cadáver insepulto, sigue su derrotero zombi y maloliente, descomponiéndolo todo.

    El lector podrá notar que este primer libro de Las Soleónicas pretende apuntar al corazón de este Gran Crimen que persiste, insiste, persiste.

    Que todo esto sirva, tras la lectura e imaginación de la obra presente, como puente regio hacia los libros siguientes, en donde soleones y hoambres habrán de malvivir, disputar, sangrar y revolucionarse en el torbellino de sus increíbles peripecias más que reales.

 

                                                                                                                          (2003)

  

4. (Cómo contar lo incontable)

 

    Gretel, un día un año es, al menos como expresión de deseo, la primera parte (o Libro 1) de una saga llamada Las soleónicas: conjunto que tiene como agonista principal a Soleón (El-Que-Circula, Papel-Moneda y Supremo-Mercader).

    Si tal saga habrá de concretarse –es decir, si habrá de resultar efectivamente en los varios libros de que deseo dotarla– no es cosa que se puede asegurar.

    Escrita entre 1985 y 1987, en medio de uno de los «dramas dollarizados» cuyo desenlace mucho tiempo después sigue siendo desconocido, Gretel, un día un año pretende hablarles de algunas cuestiones de  importancia a quienes tengan deseo y posibilidad de escuchar.

    En tanto que «obra de arte», es seguro que Gretel... contiene más problemas y cuestiones que los que en su apariencia aparecen.

    Se puede afirmar que he intentado la corporización poética (ni Bella, ni Buena ni Verdadera) de –quizá– lo más difícil de corporizar poéticamente: el representante vital, social, existente por excelencia; el ubicuo, metamorfoseante y proteico circulante; la omnímoda forma-modo «circulante» del Kapital.

    En 1985 asistíamos al franco progreso planetario del intento de «privatización» general –que implica el intento de hacer pesar de nuevo el peso de los Estados Unidos de Norteamérica con todo su peso, así como el de recuperación de las burguesías mundiales tan protegidas y efectivamente representadas por dichos Estados Unidos y sus agentes y socios internacionales.

    El dólar es un peso pesado que ni quiere ni puede dejar su corona. Es un ‘ser’ doloroso, dolorante. La proximidad de dólar con dolor no es sólo de orden fonémico. Décadas después aún asistimos a la agudísima crisis del dólar y sus dolores, que significa la crisis del mayor imperio conocido: el de la propiedad privada imperante a nivel mundial.

    Soleón I toma, en Gretel..., la investidura del dólar estadounidense (entre todos los papel-moneda, el que más cuenta siendo incontable). Cada día nos cuenta empíricamente sus entuertos. Su padecimiento es el de todos, y viceversa. Todos incluye a sus partes: cosas como seres (natura y artificio) y seres como cosas (de tantos y tantos descapitalizados que en el mundo somos; o bien podríamos decir: de-capitados).

    Y así como discurren en el planeta sus crisis y desesperaciones y angustias y horrores, este ocurrir-discurrir resulta, para quienes no somos capitales, incontable.

    ¿Cómo contar, entonces, lo incontable? He ahí la paradoja principal que me propuse desafiar de un modo práctico en la obra que aquí puede leerse (y que ha de continuar dándome sus dolores decapitantes en el decurso de la deseable saga).

    Corporización –me parece– ejecutada por la tangente. «Corporizar-lo», es decir padecerlo a nivel de los signos poéticos; signos «poéticos» sobre signos «empíricos». Entonces, sí, aparecen las palabras.

    Que quede claro: no se puede padecer «a nivel de los signos» sin haberlo padecido a nivel físico, individual, personal, total, es decir, en la propia vida. Y esto no es otra cosa que la vivencia propia socializada, la vivencia de quien, no siendo «Alguien», es un «cualquiera».

    Claro está que la así llamada «literatura» –zona donde un objeto poético puede incluirse mezclándose a la marcha «cultural» de una sociedad determinada– permite, hasta un cierto punto, re-crear el cuerpo físico y la propia vida y convertirse uno y su discurso en libro y relato público, es decir, en objeto que cuenta aunque más no fuere una sobredeterminada corporización.

    Pero, ¿y qué hay, aquí y ahora, de la Revolución proletaria, socialista e igualitaria, lo más necesario contra el imperio de la bruta necesidad? Con nombrarla no basta. Hay que hacer...la. Las soleónicas la significan para, en concreto, merecerla. Y esto sería, parafraseando a William Blake, un «Suficiente – tal vez demasiado!» logro humano.

 

                                                                                                                          (2003-4)

 

 

5. (Situación y movimiento de “lo real”)

 

    Las descripciones anteriores deberían bastar, en estos panoramas, a los fines de dar la bienvenida a los lectores. Pero sabemos que, como en los meandros del inexistente laberinto Desiré, nada basta: aquí todo es vasto e inalcanzado y móvil hasta el vértigo. Por eso, ¿cómo hablar de los incontables paralelismos entre esta obra y la situación real del mundo que (mal nos pesa) rodea hasta el agobio nuestras meras vidas?

    Pero... claro está: ¿qué es “lo real”?

    Así presentados, sólo resta desear la participación plena de los lectores en estos ámbitos que buscan reunir la poesía, la perspectiva histórica y el sentido crítico —y que sólo lográndolo se conformarían.

 

                                                                                                                          (2004)




Puede verse también:

Un destino incierto - Hora 20 de «Gretel un día un año»