[por: Alberto a. Arias ]
Una vista de la toma del “parque” Indoamericano,
Ciudad de Buenos Aires, diciembre 2010. (Foto: DyN}
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El gendarme:
–No pueden seguir viviendo acá en este parque,
no se puede vivir en un basural, entre ratas y
víboras.
Respuesta: –
¿Y dónde se cree que vivimos todo el año?
(Visto y oído
en la toma del Indoamericano, dic. 2010)
¿Crisis
habitacional? No. Crisis política, social y humanitaria
Villa Soldati y Villa Lugano, zona sur de
la Ciudad de Buenos Aires, Argentina 2010: las promesas incumplidas de los
gobiernos de la Ciudad Autónoma (Mauricio Macri y antecesores) y nacional
(presidenta Cristina Fernández, antes Néstor Kirchner, antes Duhalde y otros
presidentes “de emergencia”, y aun antes De la Rúa... y Menem... y Alfonsín...
y la dictadura criminal... y así en retroceso); las abrumadoras necesidades en
materia de trabajo, alimentación, salud, educación, vivienda, esparcimiento y cultura,
de una población (solamente en esa pequeña zona) de cientos de miles de
familias trabajadoras hacinadas y empobrecidas, malviviendo en villas,
barriadas deterioradas y hasta en la indigencia absoluta; más la demagogia y el
oportunismo político y las maniobras antipopulares e insidiosas de “punteros”
políticos (operadores subalternos) mandados por los gobernantes capitalistas de
turno y sus opositores burgueses, han logrado una combinación explosiva que
condujo a la toma de un sector del Indoamericano, mal llamado “parque”, un
terreno en el corazón de Soldati de aproximadamente 130 hectáreas, en su mayor
parte convertido en basural y, como denuncian los vecinos, hasta en “depósito”
de víctimas de asesinatos y “desapariciones” nunca aclarados, con la policía
como principal responsable.
A la toma del Indoamericano por parte de
cientos de familias empobrecidas, a las que se sumó, al paso de las horas, otra
enorme cantidad que le otorgó perspectivas contundentes a la acción directa, la
sucedió una ola de ocupaciones de terrenos tanto en la Capital Federal como en
el conurbano bonaerense y otros lugares, algunas de las cuales continúan
mientras escribimos esto.
Cabe decir que, en conjunto, en el caso de
la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, estamos hablando no de
cientos de miles, sino de millones de personas que viven en los asentamientos,
villas y barriadas, bien en la pobreza, bien en la indigencia, bien soportando
una situación angustiante de trabajo precario, alquileres altos, necesidades
elementales insatisfechas, inestabilidad variada y oprimente. Y no debe
descartarse de este panorama a quienes, en condiciones precarias similares,
viven en inquilinatos, casas tomadas, hoteles populares, viviendas atestadas,
etc.
No es un hecho menor el que las familias
del Indoamericano, dando su vida a la lucha emprendida, resistieran a la
represión de las policías federal, metropolitana y las bandas macristas,
responsables (todos ellos) del asesinato de tres personas. Cabe agregar que en los
días inmediatos posteriores a estos crímenes se siguió hablando de otros
asesinatos no consignados, como el de una niña que murió baleada y nadie
registró hasta la fecha, además del muy difundido caso del joven baleado que
trasladaban en una ambulancia y de donde fue retirado para ser rematado por
bandas armadas pro-Macri. Y esto sin contar los numerosos heridos, el maltrato,
la falta de atención y alimentos, y las consabidas discriminación y xenofobia
que sufren los ocupantes y luchadores por la vivienda digna. Hemos visto a los
ocupantes también en el intento de resistir a la manipulación política traidora
y a las tendencias internas temerosas a la represión, y también a los factores
desgastantes como la escasez de alimentos, sanidad, materiales de subsistencia
e incluso a las condiciones climáticas adversas. De todo se aprende, y el
proletariado toma nota.
Por
supuesto, hay que dejar asentado que las policías, las patotas y los
punteros no actúan “por cuenta propia” sino que, en definitiva, tienen mandantes
y responsables principales en las cúpulas, los partidos y los funcionarios
gobernantes.
Gobiernos
fuera de su Ley Magna. La militarización de las “ciudades ocultas” y del
“espacio público” apropiado
La densidad poblacional de la Argentina es
de 14 habitantes por km2, en tanto que la de los EE.UU es de 31, de Francia 97
y de la China 136. Dicho de otra manera: tierra es lo que sobra, y muy fértil y
rica, en una gran proporción. Además si notamos que la Constitución Nacional
(la llamada Ley Magna) establece el acceso a una vivienda digna (es decir:
acceso real a los terrenos, materiales de construcción y mano de obra,
créditos, etc.), quedan entonces enmarcados el panorama y la pregunta principal
que nos debe guiar: si sobran tierras aptas, si está establecido por ley
“magna” el derecho inalienable, si además quienes gobiernan blanden orgullosos
los índices de crecimiento económico del país, ¿por qué los mentores de la
“justa distribución de la riqueza” se colocan “fuera de la ley” y no cumplen
con algo tan elemental como la vivienda, el alimento, el trabajo, la
educación, la cultura y la digna distribución poblacional (grandes pueblos,
ciudades organizadas) en todo el país y para todos los habitantes?
Ante esta pregunta mil malabarismos (y mil
pequeñeces de la “barata” politiquería burguesa, pero convertidas en costosas
Grandes Cuestiones Nacionales) nos sorprenderán como pretendidas respuestas por
parte de los gobernantes, todos balbuceos ante la única certeza posible: la incapacidad
de los gobernantes (de uno y otro polo) tiene su basamento en sus intereses
e intencionalidad consciente: su adscripción total al Orden (desorden) de
la Propiedad capitalista en sus términos plenos, su prosternación ante el Único
Dios del que son fieles seguidores.
Pero sucede que, para las mayorías
trabajadoras, “las vaquitas son ajenas” y las tierras también. La
Patria-Propiedad de los Martínez de Hoz se complementa con la
Patria-Pequeña-Propiedad de las especulaciones “inmobiliarias” (latrocinios) de
los amigos de los K. y los Macri (“shoppinización”, “turismo”... claro que
dirán que “pagaron por ellos”). La Patria-Propiedad de la Sociedad Rural
necesita de la Patria-Sin-Tierra de los originarios despojados y de los
trabajadores empobrecidos del campo. A la Patria-Propiedad de los saqueadores
“privados” (capitalistas particulares y empresas extranjeras) de las riquezas
naturales del país le corresponde la Patria-Hacinada de los grandes villeríos y
barriadas de las crueles megalópolis y las poblaciones “del Interior”, todos
miserabilizados y a duras penas “habitables”. La Patria-Propiedad de la Unión
Industrial Argentina, de los “capitales extranjeros” (¡como si los capitales
tuvieran una nacionalidad autónoma, siendo que tienen todas las
nacionalidades reunidas y en conflicto!) y de la “industria nacional”, se
refleja inversamente en el mapa poblacional de una Patria-Obrera a su servicio:
el ejército de trabajadores ocupados, con su gran retaguardia de desocupados,
mal distribuidos en poblaciones “fabriles” que se levantan a los tumbos en
torno de las necesidades del Gran Dios Kapital, con sus urgencias,
competencias, especulaciones, colapsos, promesas, quiebras y escapes periódicos
a mejores olimpos.
Entre la Ley,
el Perdón y el recurrente Olvido
Otra vista de la toma del “parque” Indoamericano,
}Ciudad de Buenos Aires, diciembre 2010.
Durante y después de la ocupación del
Indoamericano, hemos tenido que ver a algunos impresentables (y algunos
confundidos) pedir “perdón” o “disculpas” por la toma. Pero ése no era ni es el
sentimiento de la mayoría de ocupantes, ni siquiera de la mayoría solidaria de
la población del país. Perdón o disculpas es lo que deberían pedir los
responsables del hambre y la miseria y la muerte por necesidad de nuestros
niños y ancianos y luchadores. Pero a esta altura de los acontecimientos va
quedando claro que buena parte del pueblo trabajador sabe que no tiene que
pedir disculpas, sino luchar contra los miserabilizadores para arrancar cada
conquista y defenderla de nuevos ataques, pero sobre todo para frenar la caída
en que se encuentran las condiciones de vida (el malvivir) de los trabajadores
(inflación, precarización, tercerización, superexplotación, etc.).
La política estatal de hacer responsables
a los ocupantes, empujarlos a pedir “perdón” o “disculpas”, a decir “nos
equivocamos”, es la infamia personificada en estos “representantes” y
gobernantes. Pretendido operativo cerrojo sobre las conciencias de los
explotados, que junto con la fuerza de la “ley” de la “gendarmización”
(militarización), más las disposiciones o “chantaje legal” del tipo “ningún usurpador
será beneficiario de plan alguno de vivienda”, pretenden la Pacificación de los
espíritus.
Y esto es así porque el gobierno nacional
(y su socio represivo en la Ciudad) también ha tomado nota, posiblemente antes
que muchos otros, de que hay una tendencia “destituyente” e insurreccional que
no proviene precisamente de las filas ordenadoras del duhaldismo y la oposición
en competencia, sino de las necesidades mismas del pueblo hambreado y engañado,
el verdadero volcán rugiente. Tendencia que crece al unísono de las medidas
antipopulares de los gobiernos, a los que ya apenas les alcanzan sus políticas
hipócritas, demagógicas, distractivas y completamente insuficientes.
La criminalización de la protesta es una
de las armas de estos gobiernos; la Gendarmería en nuestras barriadas y
poblaciones, su complemento indispensable. Invocando la Pacificación (en la que
está de acuerdo todo el arco político burgués y pequeñoburgués), lo que quieren
es la paz de los cementerios de millones de seres humanos convertidos en
escoria social y atar las manos de los pobladores insurrectos. En fin:
Pacificación Nacional, o la “sana convivencia” entre ricos y pobres,
explotadores y explotados.
Las tomas u ocupaciones (sean concebidas o
no como acción directa) terminarán el día en que cada ser humano tenga “donde
caerse muerto”, frase eufemística que quiere decir: “donde vivir dignamente
hasta el último día de la vida”. Así como se afirma que mientras haya un
explotado habrá lucha por el socialismo, es posible afirmar que mientras haya
una familia desamparada habrá toma, ocupación y lucha.
El último día de la toma, cuando “todo
había terminado”, un trabajador ocupante nos dijo: “Esto no terminó.
Perdimos una batalla, no la guerra. Tenemos que agruparnos y organizarnos”.
Y muchos se fueron con sus bultos al hombro con sentimientos encontrados de
esperanza, bronca y decisión de no abandonar a los caídos en esta lucha, una de
las más dignas que hayan vivido los explotados de nuestra tierra en los últimos
años.
(20 de diciembre de 2010, a nueve años del Argentinazo)
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Publicado por
primera vez en el sitio web “signosdeltopo.com”, el 20 de diciembre de 2010.
Republicado el 8 oct 2020 en signosdeltopo.blogspot.com manteniendo la fecha
original.
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