jueves, 25 de febrero de 2021

Expresión y protesta. Memorias de un estallido social [en Chile]

 [por: Jano Lepinado]



Signos del Topo (creaciones / críticas / culturas) comparte con gusto el envío del compañero Aníbal Ortizpozo, que dice:

 

    El Taller Ortizpozo comparte y recomienda este libro digital, "EXPRESIÓN Y PROTESTA. MEMORIA DE UN ESTALLIDO SOCIAL" que recopila parte del arte callejero del estallido social chileno. Esperamos que lo disfruten y difundan.

    Les dejo el link:

https://online.fliphtml5.com/lkdcr/mcfk/?1613526503180

    "Hace mucho tiempo que tenía este proyecto detenido. Hoy lo terminé y ya que no puedo (por temas económicos) llevarlo al papel como un libro físico, lo comparto con ustedes, ya que todo el trabajo y dedicación que puse en ello, me gustaría que lo vieran todos, además que todo el “arte” que hay detrás les pertenece a todos. Es una recopilación de material que lamentablemente ya no existe y que no debemos olvidar.

Si le gustó compártalo!" Jano Lepinado


lunes, 22 de febrero de 2021

Un suceso revolucionario (La edición completa de ‘Literatura y revolución’ de León Trotsky)

 [por Alberto a. Arias]



__________

“LITERATURA Y REVOLUCIÓN”, de LEÓN TROTSKY, Edición y traducción a cargo de Alejandro Ariel González, publicada por la organización Razón y Revolución en Buenos Aires, ediciones RyR, 2015, 882 págs.)

__________

 

 

                                                                         “El ser de la revolución es transitorio.”

                                                                   (León Trotsky, en Literatura y revolución)

 

 

    Hay libros que uno espera durante años sin tener certeza de si los verá impresos alguna vez. Así, se convierten con el tiempo en objetos que, dicho sin exageración, portan una poderosa carga libidinal. Cuando por fin aparecen puede suceder, como pasa con la atracción entre dos seres, que nos hagan temblar de emoción.

    Por razones que en un texto posterior expondré, no voy a esquivar el uso de la primera persona del singular en este escrito. Van a cumplirse ya seis años de la aparición de este voluminoso libro del que hoy me ocupo. Por esas “cosas de la vida”, todo este tiempo no le pude dedicar atención a este logro editorial, del que ya había tenido alguna noticia y me interesaba mucho. Solamente cuando me vi obligado a buscar un artículo que debía de figurar en él (“El suicidio de Maiakovski”) me encontré de pronto, sin esperarlo, y para gran sorpresa y alegría, con el ejemplar de casi 900 páginas editado por Razón y Revolución.

    Desde entonces, este libro ha pasado en mi biblioteca a formar un tríptico especial con dos cumbres de la traducción realizadas por notables poetas: los ‘Sonetos’ de Shakespeare por Agustín García Calvo y la ‘Comedia’ dantesca a cargo de Ángel Crespo. Y, por su calidad de libro “esperado” (especialmente por la necesidad de que “ponga las cosas en su lugar”) se me ocurre compararlo con lo que han significado para mí, oportunamente, los “Apuntes biográficos de César Vallejo” escritos por Georgette de Vallejo.

    Conocía la existencia de ediciones de Literatura y revolución sin mayor rigor, que pululaban por bibliotecas y librerías, y contaba con la edición de El Yunque (Buenos Aires, 1974) que ahora he podido cotejar con la edición completa.

    Sin exageración alguna, se puede afirmar que gracias a esta nueva edición se conocerá en castellano ¡por vez primera! esta magnífica obra. La reunión en un solo libro de un centenar de artículos, notas y ensayos (algunos muy extensos) de León Trotsky que conciernen al arte, la literatura, la cultura y la revolución socialista, constituyen un verdadero acontecimiento.

    Sin embargo, no hay que dejar de mencionar el carácter tardío, política e históricamente hablando, que ha tenido esta edición completa en castellano. Merecería un capítulo aparte, si no un ensayo entero, intentar explicar por qué y cómo tuvo que pasar ¡casi un siglo! para que contáramos con este privilegio.

    No estoy en condiciones de juzgar la calidad específica de la traducción de Alejandro A. González. Para eso sería imprescindible no solo conocer el idioma ruso y el arte de la traducción, sino también cotejar los materiales originales que dan origen a este inmenso trabajo. Obviamente, es una tarea imposible para mí. Pero hay muchos elementos que me permiten considerar, mucho antes de leerlo completo, que estamos ante una edición extraordinaria en aspectos fundamentales.

 

 

La “triple” completitud

 

    Esta edición se merece el primer gran elogio debido a su completitud en un “triple” aspecto: a) se trata de la versión completa de la edición original, b) ha sido traducida del original en ruso, y c) ha sido enriquecida con una gran demasía: numerosos textos que cubren un crucial periodo de cuatro décadas (1900-1939) de la vida intelectual y revolucionaria de León Trotsky y que ninguna otra edición ha incluido.

    ¿Cómo resaltar aun más la importancia de este suceso? Quizá diciendo que ni los hablantes de los idiomas francés, inglés y portugués –por solo mencionar algunos de “occidente”– tienen el privilegio del que estamos disfrutando. Hasta donde se conoce, Literatura y revolución se ha publicado completoademás de en su idioma original– solamente en castellano, italiano y alemán.

    Dejo la palabra al propio traductor, Alejandro A. González, quien ha resumido mejor que nadie la importancia de la presente edición:

    «Sin embargo, en este mosaico de ediciones [en castellano] es posible establecer algunos hechos. Primero, el que ya nos hemos anticipado a anunciar, y es que todas las ediciones castellanas han ignorado la segunda parte del original ruso de 1923. Segundo, que esa primera parte que sí fue publicada difiere notablemente entre las distintas ediciones en cuanto al contenido y a la estructura del texto. Tercero, que los escritos de Trotsky sobre arte, cultura, ciencia y literatura incluidos en los apéndices [de esas ediciones] no responden a ningún criterio de ordenamiento, sea este cronológico o temático: artículos de distintas épocas y lugares aparecen allí poco menos que ‘amontonados’, uno al lado del otro, lo que de alguna manera dificulta el seguimiento de ciertas ideas, reflexiones y preocupaciones del autor a lo largo de los años; como la selección de artículos tampoco es exhaustiva, muchas líneas del pensamiento del autor quedan truncadas en esas ediciones. Cuarto, que en lengua castellana no hay traducciones completas de Literatura y revolución hechas a partir del original ruso.”

    A lo que hay que agregar –como lo indica el traductor mismo en una nota al pie– que de esta obra solo se ha “encontrado una traducción fiel de la primera edición de Literatura y revolución en una edición alemana que data de 1994”. [Resaltados míos]

    ¡Impresionante, si tenemos en cuenta que ha pasado casi un siglo desde su primera edición en la Unión Soviética!

    Tal es la importancia que caracteriza este suceso a la vez literario, cultural, político y, en definitiva (por los contenidos tratados) histórico-revolucionario.

 

 

El notable  trabajo del traductor

 

    Por todos lados se hacen evidentes en esta edición las señales de un arduo trabajo profesional-intelectual, que trasciende la traducción en sí misma, aunque incluyéndola. Su ‘Nota preliminar’ deja claro testimonio de ello.

    Alejandro A. González desmenuza concienzudamente la genealogía de la edición en castellano de esta obra. Muestra cómo se ha guiado por criterios cuyo norte ha estado en lograr la autenticidad y coherencia necesarias para que los escritos del revolucionario lleguen al lector del mejor modo y de la forma más completa, poniendo orden (incluso cronológico, lo cual para un material como este es asunto clave) y enriqueciendo el derrotero con información y numerosas notas, muchas de ellas imprescindibles.

    Del cotejo parcial que he realizado de la obra (Advertencia: Me he limitado al cotejo –del prólogo y de la Parte I completa del libro original– con la edición de El Yunque que tengo a mano), surge que la edición de El Yunque (en adelante Ed-EY), de 1974, presenta numerosos cortes, saltos, faltantes y errores muy importantes en los textos que publica. Daré algunos ejemplos:

    –En la Ed-EY, el “Prólogo a la primera edición” aparece sin las dos últimas y densas páginas de la edición original, en la que LT se refiere a los textos de la segunda parte de su recopilación. En las mismas le dedica largos párrafos a la cuestión de –ni más ni menos– la censura en la revolución.

    –Tampoco aparece en la Ed-EY el breve (y fundamental) ‘Prólogo a la segunda edición’, en el que Trotsky afirma: “En cuanto a la posición de principios expresada en este libro respecto a la creación artística, no veo ningún fundamento para introducir en lo ya escrito modificación alguna”. (En mi próximo artículo veremos la importancia de esta sencilla afirmación.)

    –En el capítulo I, “La literatura ajena a Octubre”, falta un total de 6 muy densas páginas dedicadas al deplorable “filósofo” Rózanov y al escritor Bieli (uno de los llamados “decadentes”, a quien le dedica un contundente análisis de 5 páginas). Este faltante de la Ed-EY nos ha privado, por ejemplo, de conocer esta temprana e importante afirmación de Trotsky: “La escuela psicoanalítica austríaca (Freud, Jung, Albert Adler, etc.) hizo un aporte infinitamente mayor en relación al problema del papel del aspecto sexual en la formación del carácter de la persona y de la conciencia social”. [Allí ‘Albert’ es errata por ‘Alfred’.]

    –En el capitulo II, “Los compañeros de ruta literarios de la revolución”, del total de 33 páginas densas que abarca, en la Ed-EY faltan… ¡24 páginas!, es decir, casi 3/4 partes del capítulo. Este faltante nos había privado hasta ahora del análisis de Trotsky sobre Nikolái Kliúiev, Los Hermanos de Serapión, Boris Pilniak, el grupo ‘Cambio de Rumbo’, Marietta Shaguinian, una reflexión sobre el neoclasicismo y, sobre todo, una breve (¡y hasta hoy casi desconocida!) primera nota de Trotsky sobre Serguei Esenin (que no es la muy difundida nota posterior sobre el suicidio del poeta). Para más señas, digamos que de las excelentes (y hasta ahora prácticamente desconocidas) ¡ocho páginas! dedicadas a Boris Pilniak hemos extraído la frase que elegimos como epígrafe del presente escrito: “El ser de la revolución es transitorio”.

    –En el capítulo IV, “El futurismo”, brilla por su ausencia (en la Ed-EY) ni más ni menos que una “Carta del camarada Gramsci sobre el futurismo italiano”, que comienza: “He aquí las respuestas a las preguntas que usted me planteó sobre el movimiento futurista italiano…”.

    –En el capítulo IX, “La política del Partido Comunista Ruso hacia la literatura”, difundido en otras ediciones y lugares como “El Partido y los artistas”, la Ed-EY hace desaparecer dos páginas del diálogo –previo a su discurso– entre Trotsky, Vardin y Raskólnikov que enriquece y ayuda a situar su intervención en el marco de esta “reunión sobre literatura”, en verdad un importante plenario de debate dedicado a la política del partido frente a la literatura, el arte y la cultura. Del mismo participaron miembros y “trabajadores destacados de nuestro partido”, además de “representantes de todas las organizaciones, grupos y corrientes más o menos importantes de la literatura actual”. Trotsky fue uno de una veintena de oradores, muchos de ellos importantes dirigentes del partido (Lunacharski, Radek, Bujarin, etc.). (Dicho sea de paso, lo sostenido por él en este plenario es muy importante para lo que discutiré en mi próximo artículo acerca de las posiciones de Trotsky sobre el arte, la literatura y la cultura.)

 

    A estos cortes y faltantes podemos agregar muchas cuestiones de traducción y la existencia, en la Ed-EY, de algunas aberraciones “tipográficas”, sin duda involuntarias. Para dar un solo ejemplo: en el ya citado capítulo “La literatura ajena a Octubre”, a unos cuatro “versos” (horribles) de un español reaccionario que desde París alienta a los generales contrarrevolucionarios, la Ed-EY los convierte en seis “versos” al adosarle dos frases con las que Trotsky cierra el parágrafo.

    Aquí no quiero dejar de mencionar que la Ed-EY nos dejaba con las ganas de conocer la dedicatoria original del magnífico libro. Esta reza: “Dedico este libro a Cristian Guéorguievich Rakovski, luchador, hombre, amigo”.

    Con la muestra de este cotejo parcial con la edición de que dispongo he pretendido darles a los lectores un mero “pantallazo”. (Me informan ahora que hay una edición de Ruedo Ibérico con numerosos textos de diversas épocas, pero esta tampoco incluye la segunda parte de la edición original compilada por Trotsky.) Para que se tome real dimensión de lo que esta edición completa significa, solo diré que faltaría cotejar con diversas fuentes y ediciones un bloque de… ¡500 densas páginas de los textos de Trotsky! No sé qué podría depararnos este tedioso ejercicio, si acaso alguien tuviera fuerzas y tiempo para hacerlo.

 

 La cuestión de fondo. Introducción a una discusión fundamental

 

    Me limité hasta ahora a la recensión crítica del aspecto técnico y literario-histórico de esta edición. Aunque muy importante, sin duda no es lo decisivo. Lo decisivo es la cuestión político-social, artística, cultural y revolucionaria socialista que incluye, abarca y atraviesa esta obra –y de ahí sus posibles análisis críticos y debates.

    Esta edición incluye un estudio preliminar que ocupa las primeras 190 páginas. Sus autores, Rosana López Rodríguez y Eduardo Sartelli, le han puesto por título “Un largo y sinuoso surco rojo. Trotsky, la literatura y la revolución”. Debo aclarar, con respecto a este estudio preliminar, que hasta ahora apenas lo he “hojeado”, yendo de aquí para allá, de ida y de vuelta, buscando y marcando frases que pudieran orientarme acerca de la discusión planteada por los autores y sus posiciones principales. Leer detenidamente este ensayo de 190 páginas y rebosante de información variada, análisis y caracterizaciones (estas a menudo muy polémicas), para luego hacer una crítica, me llevará un buen tiempo.

    Del estudio preliminar se puede mencionar que el propósito declarado por los autores es: combatir las lecturas “sagradas”, “religiosas”, de la obra de Trotsky y su “caricaturización”; combatir las “caricaturas” (según afirman, “anarquista-conservadora” la una y “liberal-trotskista” la otra) fabricadas –señalan– por la mayoría de sus seguidores; afirmar que “durante la primera etapa de la revolución la política de Trotsky es claramente utilitarista” y que “en los años ’30”… “parece…” “abrazar una fórmula claramente liberal…” “con un alto grado de oportunismo”; demostrar que “es falso que Trotsky promoviera ‘Toda la libertad para el arte’ ” y demostrar que su redacción del ‘Manifiesto por un arte revolucionario independiente’ es un hecho oportunista; demostrar que Trotsky no tenía una política para el arte y la cultura; sostener que, por su determinada concepción cultural, no supo comprender que el problema de la cultura en la revolución es el problema de la conciencia; que, por lo tanto, carente de esa base, su oposición a las concepciones favorables a la literatura, el arte y la cultura proletarios (que estarían representados en la Unión soviética sobre todo por el Proletkult), el “realismo socialista” y las políticas burocráticas en este campo, estuvo determinada por su “falta de concepción estratégica más general de la política y, en especial, de la política partidaria”; que todo esto implica que, para Trotsky y los trotskistas, “no hay ninguna lucha política que dar entre los intelectuales, que los obreros no tienen incorporada la ideología burguesa y que no hay que luchar en su cabeza contra ella”; que “las contradicciones de Trotsky [en este terreno] resultan en paradojas inoperantes” y que “la más importante [de las paradojas] es la que pretende que la negación de toda política (esto es, finalmente, la consigna ‘toda libertad al arte’) es una estrategia política”.

    Es cierto que en las páginas mencionadas no le escatiman algún elogio a León Trotsky y a su ‘Literatura y revolución’: “Indudable capacidad intelectual” y “formidable texto”. Y, al final del ensayo, dicen: “Indudablemente, lo más importante de ‘Literatura y revolución’ es la reivindicación de una concepción artística [¿es una errata? ¿habrá que leer aquí ‘política’ en vez de ‘artística’?] del arte como ‘educación sentimental’ a través del ‘conocimiento de la vida’. Hay aquí una base filosófica para una política artística y cultural de grandes perspectivas.”

    Como se ve, mucho por discutir, además de los múltiples “hilos” polémicos que se vislumbran recorriendo incluso someramente el largo estudio crítico.

    Pero todo indica que el hilo cordial de la discusión no es un problema de ‘caricaturas’ y ‘caricaturizadores’ sino la discusión sobre la libertad posible en el campo del arte y la cultura e, inseparablemente (porque no podría ser de otra manera) en la revolución socialista misma.

    En verdad, no considero que los autores se estén autolimitando por su declarada intención de combatir una “caricatura” equis o un determinado modo “religioso” de leer a Trotsky (y a otros “clasicos”). Su intención (que reivindican como “científica”) va mucho más allá, y Trotsky es la buena excusa, es decir: una excusa de alta calidad.

    Se me ocurre que con esta edición revolucionaria (que está muy bien hecha y en la que Razón y Revolución ha puesto tanta energía, esfuerzo y dinero) sucede algo así como lo que pasaría si alguien, para combatir la posición “catastrofista” en el marxismo, hubiese recurrido a realizar la edición completa y minuciosa de los Grundrisse (‘Manuscritos’) de Marx y de otros textos aledaños de Lenin, Luxemburg y Trotsky. En tal caso, los “catastrofistas” no podrían estar más que completamente emocionados, entusiasmados y agradecidos con los adversarios “anticatastrofistas”.

    Lo que Rosana López Rodríguez y Eduardo Sartelli (así como la organización Razón y Revolución) ponen en cuestión es el rol, la función y la potencia de la libertad en la lucha por el socialismo y en el socialismo mismo. Eso es lo que, en definitiva, me propongo discutir en un próximo artículo.

 

 





lunes, 15 de febrero de 2021

El surrealismo musical o la música surrealista



[Joan Miró: "Satie, Poèmes et Chansons". 1969]


    En 2008, en una de sus últimas entrevistas, Mauricio Kagel habló del lenguaje ‘surrealdadaista’, o ‘dadasurrealista’, dado que es difícil definir dónde empieza/termina uno y donde empieza/termina el otro en determinada obra musical. Actualmente se ha “impuesto” socialmente esta denominación a las corrientes musicales de orientación “libertaria”, pero en mucho aspectos podemos encontrar, por un lado, un lenguaje total y exclusivamente Dada (que incluyó en el movimiento –o que hizo participar en sus encuentros– a músicos como Satie, Milhaud, Heusser, Varèse, Ball, Heulsenbeck [Hülsenbeck], Stravinsky, Hindemith, Schwitters, Ribemont-Dessaignes, Marcel Duchamp, Auric, Hausmann, entre otros), y por el otro, más difícil,que es el encuentro con el surrealismo.

    El principal problema de la música con el surrealismo ha sido la negación de André Breton en relación con este arte, quizás por el carácter o calidad de su abstracción. Ante esto surge la primera pregunta: ¿Por qué Vassily Kandinsky y Paul Klee son reivindicados por los surrealistas y no lo son Arnold Schönberg y AntonWebern?

    Esta negación parcial de la música parece haber caído bien a George Antheil, quien escribió: “El movimiento surrealista, desde el principio, había sido mi amigo. En uno de sus manifiestos se había declarado que toda la música era insoportable, exceptuando, posiblemente, la mía, una bella y apreciada condescendencia” (Reflections of Surrealism in Postmodern Musics, Le Baron, 2002).

    Es de hacer notar que en el Manifiesto surrealista de 1924 figura el compositor Georges Auric como amigo del nuevo movimiento. Además, en la revista Littérature, dirigida por André Breton y Louis Aragon, se promocionaba la obra de Satie y entre los colaboradores se encontraba Schönberg. Por supuesto, la revista estaba relacionada con la etapa DADA parisina, pero dirigida por dos de los tres primeros partícipes y convocantes del Manifiesto. El tercero será Soupault (en realidad el Manifiesto surrealista de 1924 fue redactado por este y por Breton).

    Alejo Carpentier, al igual que Margritte, decía que si se hablase de “música surrealista” esta debería estar representada por la figura de Satie. Olvida Carpentier (y Magritte) que fue el Ballet “Relache”, de Satie-Picabia, el que marcó la ruptura en Littérature, y la aparición del manifiesto del ‘24, previa pelea entre Satie-Picabia y Breton-Aragon. Estos últimos cuestionan, según su visión, la provocación como único elemento en el mencionado Ballet.

    Mientras el Movimiento Surrealista se desarrolla varios músicos se interesan en el mismo; Schönberg y Varèse, entre los más conocidos. Pero Breton insiste en el valor de la lectura sonora poética frente a la instrumental, a la que considera ya muerta (postura que cambia a partir de 1955, paradójicamente a los 30 años de la muerte de Satie).

    Sin embargo, el grupo de surrealistas belgas incorpora a un músico (compositor, director orquestal y musicólogo) que también es poeta: André Souris, siendo hasta la década de 1980 el único músico que perteneció al Movimiento Surrealista.

Dicen, tanto las buenas como las malas lenguas, que Souris le enviaba sus poemas y su música en acetato a Breton y que este solo leía la escritura pero dejaba a un costado los acetatos.

    Por lo expuesto, es necesario ver los puntos por los cuales se puede hablar de un surrealismo musical. Si la“libre asociación de ideas” la consideramos generalmente como ‘imágenes’ que aparecen y se las une libremente como parte del surrealismo, en la música, por su abstracción, esta estaría fuera de este ámbito. Pero si concretamente hablamos de libre asociación de ideas (incluidas las “sonoras”), a secas, sin imágenes (no sonoras), desde ya que no estaría por fuera del ámbito surreal.

    Así como Kandinsky –en su libro De lo espiritual en el arte– festeja que la abstracción en la pintura no tiene que narrar nada, y que esto ya está en la música de Bach, de Mozart y en la de todas las épocas, Breton debería festejar que el automatismo psíquico llegó, en poesía, a lo hecho por la música desde siempre. La improvisación es el automatismo psíquico en la música.

    Paradójicamente, el surrealismo y su importancia en el desarrollo del arte en la sociedad hicieron que los músicos volvieran a la improvisación, “freezada” desde la década de 1880 con la muerte de Liszt y la enfermedad de Nietzsche, quien era un gran improvisador. El desarrollo de la instrumentación industrial estandarizada y el Conservatorio de París, como emblema académico, frenaron esta experiencia histórica. La industria instrumental permitía la posibilidad de grandes organismos orquestales que incluían 120 músicos, por lo bajo. Esto en general en el mundo germano. Una improvisación era imposible pensarla en ese contexto de grandes organismos orquestales, salvo el caso de Bruckner (pero la relación entre este compositor y este tema nos llevaría obligatoriamente a escribir un artículo en particular). Mientras tanto, el Conservatorio de París cumplía el rol de censor constante y de ser el responsable de prohibir la práctica improvisatoria. Huellas culturales dejadas, en lo cultural, por el mediocre Louis Bonaparte.

 

 Definiciones de Theodor Adorno, y a partir de Adorno, en relación con la música surreal.

 

    “La música surreal se caracteriza por una combinación paradójica de diversas formas y estilos musicales, así como el uso de alusiones sonoras inesperadas” (Adorno, Reaktionund Fortschritt).

     También Max Paddison (“Adorno’s Aestethetics of Music”) toma referencialmente a Adorno para realizar la siguiente definición: “La música surrealista yuxtapone sus fragmentos históricamente devaluados en una forma de montaje que les permite arrojar nuevos significados dentro de una nueva unidad estética”. La compositora y arpista estadounidense Anne LeBaron, diría en dos entrevistas (2002 y 2007) que tanto el automatismo, al que emparenta con la improvisación, como el collage, son las principales técnicas del surrealismo musical.

    Cuando Adorno nos habla de yuxtaponer fragmentos históricamente devaluados en una forma de montaje que permitiría una nueva unidad estética, surgen inmediatamente los nombres de Mahler (“Sinfonía Nro. 3”, de 1902) e Ives (“Sinfonía Nro. 4”, escrita entre 1916 y 1924, pero estrenada recién en 1965), es decir, compositores anteriores al surrealismo en los que claramente el collage se hace presente. En otra parte del libro citado de Adorno, se explica que esta yuxtaposición de elementos históricamente devaluados (o quizás históricos, no necesariamente devaluados) “hace aparecer los muertos entre los vivos”.

    Tanto en la obra de Charles Ives como de Gustav Mahler (motivo de análisis con Freud, quien llega a descubrir elementos de la niñez del compositor) son citadas marchas y canciones populares. Entre los compositores de la llamada 2da. Generación de la música contemporánea nos encontramos con dos obras paradigmáticas, en este procedimiento: la “Sinfonía” de Luciano Berio (1968), que utiliza materiales de compositores clásicos del siglo XIX y XX; y, fundamentalmente, “Ludwig Van” de Mauricio Kagel, film-musical (1969) a partir de obras de Beethoven. 

    Adorno aclara que la yuxtaposición puede ser un recurso reaccionario si no se apela al lenguaje moderno de la música. Toma como ejemplo la invalidez de una propuesta surrealista si esta no tiene un componente atonal y no se encuentra reflejado, en alguna medida, Schönberg, paradigma de la innovación para el teórico alemán.

    En uno de sus ensayos (en “Escritos Musicales”) Adorno toma la idea de Walter Benjamin en su análisis sobre el surrealismo, y sus encuentros con un pasado artístico arcaico para lograr el arte vanguardístico más subversivo del siglo XX., y nos dice: “Stravinsky, es surrealista muy a su pesar”. Es surrealista porque recurre al estadio de la barbarie para lograr una obra absolutamente revolucionaria, provocadora y subversiva en el pasado siglo: “La Consagración de la Primavera”. Ciertamente, aunque en menor grado, sucede esto, también, en “Petrushka” y “Las Bodas…”. Cuando Adorno dice: “… muy a su pesar”, se refiere al posicionamiento político de Stravinsky en ese entonces (década del ‘30), derechizado en todos los aspectos (luego cambiará completamente) frente al posicionamiento de izquierda revolucionaria que asume el surrealismo a partir del segundo manifiesto.

 

[André Masson: "Schöenberg".]


A partir de 1955

     “El paso del siglo XIX al XX no determinó ninguna evolución de espíritu tan atractiva como la de Satie. Tensada entre dos puntos extremos, los místicos y Platón, durante treinta años, la fatalidad del espíritu moderno hizo vibrar esta cuerda al unísono con las de su compatriota Alphonse Allais y, aún más, de Alfred Jarry. Ninguna escuela de libertad más elevada respecto a todas las convenciones, ninguna sonrisa más traviesa y, a fin de cuentas, tan impresionante por encima del abismo interior de la más negra especie, del que se escapa la nube de esos dibujos e inscripciones caligrafiados en plena soledad –‘en hierro forjado’– al mismo tiempo tan extraños y tan inquietantes”.

    Este es un escrito de André Breton para la revista Arts, en junio de 1955. El texto no fue publicado y el manuscrito apareció en un inmenso libro del IVAM - Centre Julio González, en Barcelona a fines de 1996, cuyo título es: Erik Satie del Chat Noir a Dadá. André Breton lamenta “haber comprendido demasiado tarde, después de su muerte, el ser excepcional que fue [Satie] y que una cortina de espinas –su malicia, sus tics estudiados”, le había velado.

    Cuando Breton dice “esos dibujos e inscripciones caligrafiados”, etc., se refiere a una serie de cartas, con diferentes letras, y dibujos tales como la forma de un clarinete que adentro contiene butacas de bus con ventanas, donde están las llaves del instrumento. Con la mención de ‘en hierro forjado’ se está refiriendo a un candelabro que tenía Satie y que era de la Edad Media, tema que obsesionaba a Breton.

    Lo interesante del escrito es aludir al Satie de fin de siglo XIX y principios del XX. Por lo tanto, no habla del periodo Dada sino del simbolista, mal llamado impresionista, donde muchas de las obras de Satie son aún más radicales –desde lo rítmico estático hasta la utilización de acordes no descifrables desde el punto de vista tonal– que en la etapa DADA.

    En 1893 Satie compone la obra más corta de la música, “Bonjour Biqui”, y hasta ese entonces la más larga: “Vexation”, con una hoja que debe repetirse 840 veces.

    De esta forma, el surrealista más reacio al mundo musical abre el portón para dejar entrar la música al movimiento. Por otro lado, esta visión sobre Satie da también lugar a pensar en el mundo de lo fantástico, de lo onírico más allá del automatismo psíquico, de lo sensual y de lo oscuro, apareciendo los nombres de Debussy, el último Scriabin, Schönberg, Webern, Roslavetz y tantos otros partícipes del primer cuarto del siglo XX.

    Alguna vez un musicólogo dijo que Breton tenía a muy pocos metros de su casa al compositor más surrealista de esa época y no se dio cuenta o no quiso darse cuenta. Se refería a Darius Milhaud.

    Es importante recalcar que, al iniciarse la música concreta, en 1948, con Pierre Henry y Pierre Schaeffer, hay una relación sonora realista; posteriormente la utilización de la cinta magnética, con sus cambios de “tempi”, retrogradación de cinta, etc., crea lo que llamaríamos la “imagen surrealista”, como en los años 1910, 20 y 30 crearon Debussy, Scrabin, Roslavetz y por momentos Ravel, por supuesto con una mayor radicalidad que los últimos mencionados, y pasando por el matiz DADA o neo Dada.

    A fin de la década de 1950, en el jazz es el tiempo del bebop, que trabaja la improvisación despojada de la pesada cargada de la variación clásica introducida en la improvisación. En Polonia surge la música aleatoria, que está basada en elementos no regulados por pautas establecidas y en la que adquiere un papel preponderante la improvisación. La corriente polaca, que tiene, en términos surrealistas, mayor preponderancia que otras, también establece un “juego” de mayor regulación. En este caso vemos a Witold Lutolawski, con sus “Juegos Venecianos”, aplicar esta convención. El compositor mencionado escribirá una obra sobre texto de Robert Desnos: “Les espaces de sommeil” (los espacios del sueño). Es importante aclarar que una obra de “forma” abierta junto a un texto surrealista la hace, como tal, surrealista. No es el caso de “El martillo sin dueño” (Le Marteau sans maître) donde utiliza textos de René Char. Los mismos son usados con un propósito rítmico, a través de un análisis estructural, elementos “científicos” que contrastan con el espíritu surrealista, por su fuerte racionalidad.

    En realidad, las primeras obras de música aleatoria fueron escritas por Marcel Duchamp, en el año 1913 (“Erratum Musical”, “Sculpture Musicale”, “La Mariée mise à nu par ses célibataires, même”), pero quedaron en el olvido hasta la aparición de la música del azar en la década del 50. John Cage pone al tanto a Duchamp sobre el tema.

    Paralelamente, a fines de los ‘40 y en los años 50, los expresionistas abstractos, a partir de una propuesta de André Masson, comienzan a practicar con el automatismo psíquico en la pintura. Es decir, no es solo la imagen surrealista ni el pintor surrealista que adhiere a los postulados de libertad y revolución que planteaba el surrealismo, sino que de hecho se comienza a aplicar esta práctica pura del inconsciente.

    En el terreno de la música aleatoria, en materialidad, se tiene en John Cage, Mauricio Kagel y Sylvano Bussotti su punto más radical. Cage y Bussotti apelan al diseño sin establecer notas ni parámetros rítmicos. Kagel añade acciones a realizar.

    En 1961, con el LP “Free jazz” de Ornette Coleman, nace justamente el free jazz. A diferencia del bebop, el free jazz comienza con la improvisación sin tomar ningún tema de referencia ni pauta alguna. A esta práctica se sumarán músicos que harán de esta un hecho estético y ético-político, muy emparentado con el surrealismo. De hecho, cuando surgen los músicos que se declaran abiertamente surrealistas, sus nombres son paradigmáticos: Coleman, Cecyl Taylor, Sun Ra, Ensamble Revolucionario, etc.

    El tema político y ético es fundamental para comprender y sumarse al surrealismo. Muchas personas han hecho acto de fe surrealista en lo ético, otras en lo político, y otras en ambos. A fines de los años 70, el compositor Luis Zubillaga fue expulsado de su catedra universitaria en la Universidad de Tucumán por su posicionamiento de izquierda surrealista. Similar situación, y con argumentos cercanos, debieron soportar Ivo Malec, compositor, y el poeta Radovan Ivsic en la Yugoslavia de Tito. Por lo tanto, el surrealismo es una molestia tanto para los regímenes totalitarios como para los capitalistas “democráticos”.

    La Oposición al comercio del arte es un punto que ya compartían la Sociedad de Conciertos de Música Contemporánea de Viena y el surrealismo. Los músicos nombrados y aquellos que luego nombraremos en este artículo, han hecho de estas posturas sus cualidades personales.

    En 1989 el cassette “Winged Tongues, surrealist instigation”, se convierte en paradigma en cuanto a la definitiva declaración de principios y denominación certera de música surrealista. En el mismo se apela a la improvisación grupal e individual. Fue grabado por el grupo de surrealistas suecos, Johannes Bergmark, Mattias Forshage, Bruno Jacobs, Gina Litherland, Petra Mandal, Oscar II, Hal Rammel, Carl-Michael Strömberg, Russell Thorne, Christian Werner, Tomas Werner y Anna Westman.

    En 1990 Johannes Bergmark graba su cassette “SISTRUM”, en piano. Improvisación dedicada a Cecil Taylor. Por aquellos años (1988/90) en el grupo argentino Signo Ascendente tres músicos se interesan en el tema. Las diferencias están dadas en el sentido de que el grupo sueco escribió un libro donde el pentagrama es arrancado por una mano. La problemática que se planteó fue la siguiente: “¿Acaso no puede haber automatismo psíquico en una partitura, sin necesidad de que sea un collage?”. Experiencias de recordar una partitura en sueño y plasmarla en la escritura real, sin la intervención reguladora de la conciencia, existieron y existen. En el año 1985 en Buenos Aires (oportunidad donde estuvieron presentes artistas de Signo Ascendente) Luigi Nono decía algo que recordaba mucho a Lautrèamont: “Cuando inicio una obra sé por qué la inicio, pero en el devenir no sé lo que sucederá, la mano me lleva y ni siquiera reviso para no permitir que juicios morales o estéticos intervengan en la obra”.

    En el siglo XXI hubo recitales de música surrealista. La existencia de conciertos de free improvisación y free jazz son normales en nuestro medio. Actividades sonoras devenidas de prácticas surrealistas también, pero siempre aparecen desconocedores del término surrealista, aun cuando su actividad en el medio de la música contemporánea es conocida.

    En 1924 Breton escribe: “… los procedimientos surrealistas reclaman mayor amplitud todavía. Cualquier medio es bueno para obtener de ciertas asociaciones la instantaneidad requerida”.

    Si entre los “medios”, además del músico Souris, hubiesen participado otros compositores, no habrían sido necesarios artículos aclaradores de Adorno, LeBaron, Paddison y quien firma este escrito.

 

 (febrero 2021)

 








sábado, 13 de febrero de 2021

«Sudáfrica: ¿Apartheid de vacunas?»

 [por Norberto Malaj]


[Foto EFE/EPA / KIM LUDBROOK.]

 

    Así se titula una declaración de la Federación Sudafricana de Sindicatos que publica The Bullet de Canadá (30/1). La declaración denuncia que “Sudáfrica es el país más desigual del mundo. Nuestro (los) sistema (s) de salud simbolizan esto con la mitad de nuestro gasto en salud que atiende solo al 16% de la población. La otra mitad cubre el 84% de nuestra gente, principalmente la clase trabajadora pobre y negra”.

     “Se estima que el número de muertos de Sudáfrica, del 6 de mayo al 8 de diciembre de 2020, se situó en 60.000 si se tiene en cuenta el exceso de muertes. Sin duda, la aparición de la nueva variante mucho más transmisible seguirá abrumando nuestro servicio de salud. Mi propia estimación —dice la activista Rehad Desai—, dada la combinación de tasas de infección más altas y un servicio de salud colapsado, a menos que instituyamos un programa de vacuna masivo, las muertes en 2021 podrían duplicar, posiblemente triplicar, el número de muertes que hemos experimentado en 2020” (ídem).

    La declaración sindical denuncia que el monopolio privado de las grandes farmacéuticas, antes aún de la pandemia, provocaba que “un millón y medio de personas mueren anualmente por falta de acceso a las vacunas, mientras que decenas de millones de niños todavía no tienen acceso a la inmunización. El fallo del mercado de las vacunas se ve confirmado por el hecho de que, tan recientemente como en 2017, los países de ingresos bajos a medianos (PIBM) representaron el 79% del volumen de ventas de vacunas del mercado mundial y, sin embargo, eran solo el 20% del valor total real”. En este sentido la declaración denuncia lo que es vox populi: “A fines de 2020, la cifra mundial confirmada de muertes por COVID-19 ascendía a más de 1.8 millones de personas; pero la mayoría especula que, lamentablemente, el número real es mucho más alto —tal vez tres millones si se incluyen las muertes ´en exceso´”. La SAFTU reclama poner fin a las leyes de patentes que consagran el principio de priorizar el beneficio del capital”. La declaración recuerda la trágica experiencia de Sudáfrica y todo el continente negro con el Sida, cuando las grandes farmacéuticas se negaron a distribuir “los medicamentos antirretrovirales para el VIH que provocó la pérdida innecesaria de cientos de miles de vidas en las décadas de 1990 y 2000”.

    En Sudáfrica está en marcha una campaña para que el país “ajuste sus leyes de patentes a la Constitución, que brinda a ´todos el derecho de acceso a los servicios de atención médica´… la campaña Fix the Patent Laws ha contribuido sin duda a informar la moción conjunta de Sudáfrica con la India que pide una exención del acuerdo ADPIC a la OMC lo que permitiría compartir la propiedad intelectual en torno a las vacunas COVID-19. La moción cuenta con el apoyo de 140 países, pero tiene la oposición de un club de naciones que siguen dominando el mundo y que están acompañadas de aliados como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y cuya resolución parece poco probable”.

    Contra lo que la burguesía mundial hace creer, la declaración destaca el rol parasitario de los grandes monopolios medicinales: “Las grandes farmacéuticas solo participan en la investigación y el desarrollo (I + D) de vacunas y tratamientos terapéuticos para enfermedades que son más frecuentes en los países más ricos y / o requieren un tratamiento repetido. Estos medicamentos a menudo son muy costosos y se limitan a aquellos con atención médica privada o en los hospitales del sector público donde los estados nacionales pueden pagar los tratamientos. Las grandes farmacéuticas, en este contexto, han actuado para frenar los revolucionarios avances tecnológicos biomédicos al alcance de la sociedad. En la brecha han intervenido las universidades, los Institutos Nacionales de Salud y los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU. (CDC). Estos han sido pioneros en I + D médico, quizás de manera más prominente que los estados” (ídem).

    “SAFTU advierte al Tesoro sudafricano que deje de frustrar los esfuerzos para proporcionar vacunas”, denuncia la declaración. “¡Impuestos a las empresas y a los ricos!” reclama SAFTU e “insiste en revertir los recortes de impuestos corporativos, poner fin a las lagunas absurdas y restablecer la tasa impositiva primaria a donde estaba en 1992: 52% (frente al 28% actual). La tasa impositiva personal del 45% que pagan los ricos no es lo suficientemente alta para lograr la redistribución, dados los enormes beneficios que reciben de los privilegios residuales del apartheid, incluida la mano de obra ultrabarata en sus hogares, jardines y fuerzas de seguridad privadas”.

 

(1º febrero 2021)

 

 


Memorias de la tierra

[por Aníbal Ortizpozo]


 

Los creadores suramericanos sentimos una necesidad recurrente de poblar los espacios de la obra con seres humanos reales, para recuperar los sueños ausentes de justicia, presentes en telas, muros y piedras antiguas que emergen de las arenas desérticas y selvas amazónicas. Nos motivamos con la idea de contar una historia en imágenes, rompiendo los silencios de la autocensura y el conformismo.

 

 

Generalmente se dice que ellos, los espectadores, pueden no saber nada de arte, pero sí saben qué les gusta. Llenos de emoción estética preguntan al creador: “¿Cuánto se demoró usted en hacerla?”. Hay artistas soberbios y diletantes que responden “Toda una vida”. La realidad en el taller es que cada obra tiene un tiempo diferente. Digo esto porque esta obra –“Memorias de la Tierra”– de todas es la que me ha tomado más tiempo en saber cuándo estaba terminada. Creo que fue debido a que la imagen, para mí, no reflejaba la idea o poética que yo quería expresar en ella. Todavía tengo dudas, me gustaría saber qué piensan quienes la observan, seguidores o no, sobre el mensaje implícito en ella. Espero y les agradezco sus comentarios.

 

(9 febrero 2021)

 



jueves, 11 de febrero de 2021

«2020 el año más mortífero para los migrantes que cruzan ilegalmente a EE. UU.»

[por Norberto Malaj]


Con Biden ¿“el muro se convierte en puerta”? (Amy Goodman)




    “El aumento en las muertes fronterizas en Arizona el año pasado alcanzó a 227 migrantes, en comparación con 144 en 2019 y 128 en 2018, constituyó el mayor pico histórico” (Samuel Gilbert, The Guardian, 30/1). “Desde 1998, se cree que al menos 7.000 migrantes han muerto a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, tal vez muchos más, ya que el mantenimiento de registros es irregular”. “Este fue el verano más caluroso de todos los tiempos, y vimos la mayor cantidad de muertes registradas. Es un recordatorio de lo peligrosa que puede ser la frontera”, dijo Douglas Ruopp, presidente de la organización sin fines de lucro, que mapea las muertes de migrantes y guarda suministros de agua de emergencia en el desierto” (ídem).

    A pesar de los riesgos y las prohibiciones —acentuadas bajo el gobierno de Trump— la ola de migrantes no cesa. La miseria creciente en toda Centroamérica ha vuelto frecuentes las “caravanas” de quienes buscan cruzar el Río Grande y llegar a los EE.UU. a cualquier precio. Aunque el precio que cobran los traficantes suele ser altísimo “cruzar a cualquiera de los cuatro estados estadounidenses de Texas, Arizona, Nuevo México y California a lo largo de la frontera de 1,954 millas entre Estados Unidos y México puede ser peligroso: barreras altas, áreas silvestres aisladas con temperaturas extremas, aguas turbulentas del Río Grande”, dice Jeremy Slack, profesor asistente de geografía en la Universidad de Texas-El Paso (ídem).

    “En México los solicitantes de asilo languidecían en ciudades peligrosas a la espera del interminable proceso de asilo, bajo la política de Permanecer en México de Trump, que niega ´un derecho universal. La gente vive debajo de los puentes, esperando durante meses. Algunos deciden correr el riesgo y cruzar el desierto ´” (ídem).

    “En marzo de 2020, Trump firmó una orden de emergencia que permitía la expulsión sumaria de migrantes en la frontera por preocupaciones de Covid-19, expulsando a más de 380.000 personas de esta manera hasta la fecha, según datos federales” (ídem).

    “Biden, informa The Guardian, suspendió las deportaciones, aunque la semana pasada un juez anuló esa moratoria. Y el gobierno rescindió oficialmente la política de ´tolerancia cero´ de Trump que llevó a que las familias fueran separadas y detenidas en la frontera… Pero aunque el presidente emitió una orden de suspensión de trabajos para la construcción del muro fronterizo, no es seguro que se eliminarán las barreras” (ídem).

    ¿Tiene algún viso de ser realidad lo que plantea Amy Goodman, quien dijo que con Biden “el muro se convierte en puerta” (Democracy Now, 23/1)?

    ¿No fue bajo el gobierno de Obama-Biden que se inició la política de deportaciones en masa de migrantes?

 

(1º febrero 2021)

 

 


domingo, 7 de febrero de 2021

La máscara

[por Alberto a. Arias]


[Pieza de barro hallada en Tlatilco, México. Periodo preclásico medio.]


La máscara

 

  

Una máscara mitad vida, mitad muerte.

Eso es todo.

Llegó hasta aquí venciendo el tiempo.

Una máscara

mitad muerte, mitad vida.

 

(No la frágil de uso cotidiano.

No estigma, emblema, oficio, profesión.

No linaje, origen, destino o abandono.

Tampoco la que emerge en distorsión

al cabo del último día entre los vivos

cuando no hay aún primer día entre los muertos.)

 

Es apenas una máscara ajena,

dos caras a una,

 rígida fachada de perfiles que se niegan.

Creada porque sí.

Hecha para no ser usada.

 

(Ni rostro ni idea ni poética.)

 

Sólo una cosa que ahí te recuerda algo:

lo más desconocido sin dios,

lo más atrayente sin demonio.

 

 

                                                                                   (1990-91)

 

                                       De "Escrito sobre el papel (1990-99)"