domingo, 31 de mayo de 2020

Un planeta con la rodilla en la nuca que grita: “¡No puedo respirar!”





    El planeta ha llegado al límite del maltrato con el abuso que de sus recursos naturales, de la biodiversidad, de la vida de sus habitantes, que de su naturaleza total hacen las élites.

   El respeto por la integridad de todos los seres vivos, por la libertad y dignidad humana ha sido convertido por una minoría abusiva e insensata que acapara el poder y las riquezas, en meros formalismos administrados a capricho para la perpetuación de su exclusivo beneficio.

   La casi totalidad del mapamundi, traspasando todas las fronteras, sus poblaciones, sus geografías, han quedado devastadas poco a poco por las guerras, el despojo, las desigualdades, la codicia e insensibilidad criminal de una minoría abusiva.

   El grito del ciudadano afroamericano George Floyd que ha visto y escuchado todo el planeta, mientras que en total y humillante indefensión, era brutalmente asfixiado hasta la muerte a plena luz del día en las calles de los EE.UU por un agente del supremacismo capitalista, este último grito de un ciudadano que era asesinado en el país de lo que irónicamente se llamó el sueño americano y la cuna de la democracia moderna; nos ha dejado en una sola frase el resumen y el legado de lo que debería ser de ahora en adelante, el grito general de un mundo indignado con la infamia de las élites en el siglo 21.

    El grito contra lo que padecen hoy el 90 % de la humanidad y la naturaleza a lo largo y ancho de la vastedad de la tierra: “No puedo respirar”.


    Debería ser grito de todos los días y en todo lugar. Hasta que tengamos la mañana en que salga limpio de escorias y sin exclusiones el sol.





No hay comentarios:

Publicar un comentario